Wednesday, October 18, 2023

REVOLUCIÒN DE OCTUBRE.

 Fernando Cajas

Como si fuese una película dramática el movimiento social por la libertad de Guatemala inicia realmente en octubre, justo en el octubre del aniversario 79 de la Revolución de 1944. Este nuevo movimiento social tiene elementos parecidos a los del 44 pero emergen nuevas características de la sociedad guatemalteca, principalmente yo identifico la ruptura de viejas y duras cadenas, tal el caso de la dicotomía indio-ladino y de la dicotomía rural-urbano.


Por cientos de años el discurso racista y clasista guatemalteco ha construido un imaginario social en donde lo «indígena» es inferior a lo español, luego fue lo «criollo», luego fue lo «mestizo» y se estabilizó con el concepto de «ladino».  La dicotomía indio-ladino ha sido el caballito de batalla de los grupos dominantes los cuales han sacado innumerables réditos toda vez que la misma ha servido para mantener separado al pueblo guatemalteco. El Movimiento Social iniciado por los 48 Cantones demuestra que es posible romper viejas dicotomías, particularmente la primera dicotomía falsa: indio-ladino.


El Movimiento Social que se empieza a articular en octubre del 2023 tiene la fortaleza de unir a la población a través del rompimiento de viejas creencias de las cuales la más dañina es esa creencia de que el ladino es superior al indígena. Esta visión creada en la Colonia, nace y crece con la visión de los españoles que hicieron la conquista, los hijos de èstos, es decir los criollos para que luego emergiera el mestizo. El sociólogo Severo Martínez hace una excelente clarificación del significado de «mestizo» y la emergencia del «indio» como fenómeno económico. Pero el concepto de «indio» como peyorativo a los indígenas guatemaltecos creció y se estabilizó como indicativo falso de un ser inferior, vago y borracho. Esto fue letal para la construcción del concepto de nación. No construimos una identidad nacional.


Nuestros referentes nacionales no son batallas que nos integran sino conquistas que nos desintegran. Si hay un referente estable es la Luna de Xelajú, una canción que nos ha ayudado a construir una sensación de hermandad. La canción, un vals, tiene una historia confusa, pero al final parece ser la construcción social que el resto de Guatemala hace de Quetzaltenango toda vez que los quetzaltecos han tenido una tendencia separatista. No es una canción que nazca en Quetzaltenango, nace en Huehuetenango. No es una canción nacional, como el himno nacional, sino más bien es una canción popular que nos hace guatemaltecos, no quetzaltecos. Son los quetzaltecos los que al cantar luna de Xelajú se sienten, por fin, guatemaltecos.


Describo mi subjetiva historia de Luna de Xelajú como ejemplo de lo difícil y raro que ha sido la construcción de referentes nacionales. El himno nacional nos une, pero no con la intensidad de la Luna de Xelajú. La Revolución Liberal de 1871 no construyó identidad nacional sino más bien fue el momento de construcción de los grandes latifundios y el inicio de la dicotomía indio-ladino como elemento separatista clave para la existencia de una nación fundamentalmente racista y clasista. Tuvimos que esperar para los movimientos sociales en contra de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera y luego la Revolución de octubre de 1944 para iniciar la construcción de la democracia guatemalteca.


El movimiento del 2015 en contra de la corrupción fue fundamentalmente un movimiento urbano. En la Plaza grupos de clase media hicieron valer su voz para pedir la renuncia del presidente Otto Pérez. Al final el general Pérez renunció, no llamó al ejército para que lo ayudara en su caída y el movimiento fue un éxito urbano. Con esto se presenta otra dicotomía urbano-rural la cual ya había emergido, pero no con la claridad del 2015. Por muchos años la separación entre urbano y rural tampoco permitió construir un movimiento nacional.


Así llegamos a octubre del 2023. Los 48 Cantones se levantan e inician el movimiento social más importante en la historia de Guatemala. El Paro Nacional es el ejemplo de integración más importante de nuestra historia. Uno podrá hacer una larga lista de los efectos negativos del Paro y la emergencia de una percepción social en contra del Paro. Eso es cierto. Pero también es cierto que por primera vez en nuestra historia un movimiento indígena tiene el liderazgo y con eso iniciamos el rompimiento de nuestras cadenas, de nuestras falsas dicotomías. Si hay algo que ya dejó este movimiento es el inicio del rompimiento de falsas dicotomías que solían mantenernos separados.


Ahora, en este momento, el movimiento guatemalteco por nuestra democracia se encuentra en un punto crítico. Por un lado, el movimiento social se ha replanteado a si mismo evitando los bloqueos totales de las carreteras y permitiendo que la creatividad de los guatemaltecos construya alternativas a los bloqueos. Pero el liderazgo social sigue en la espalda, metafórica, de los 48 Cantones. Con esto, es el momento de respirar fuerte y calmarnos para poder construir un movimiento eficiente que no sólo logre la renuncia de los tres golpistas, sino que permita que Semilla pueda consensuar un verdadero gobierno multicultural, multiétnico y democrático a la luz de lo ya vivido estos primeros días de resistencia social.


Nos hartamos de la corrupción y por eso hemos iniciado el proceso de nuestra liberación. Ni Giammatei ni Miguelito y menos la pseudo fiscal Porras van a evitar la transformación social de Guatemala. Es el momento de unirnos, es el momento de ser guatemaltecos, es el momento de no separarnos, es el momento de reconocer que tenemos en común un destino en este territorio que tiene ya un hermoso paisaje, pero al que le urge un país, un país más justo, un país que no le ofrezca solamente desnutrición, violencia y corrupción sino más bien que nos permita vivir en dignidad. Por eso, o es ahora o no será nunca Guatemala.

   


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