Friday, October 13, 2023

ARTICULACIÒN DE LAS DIFERENCIAS.

 Fernando Cajas


Desde que Arévalo pasó sorpresivamente a segunda vuelta el Pacto de Corruptos viene inventando una falsa narrativa, la misma la han develado analistas políticos, académicos y la gente de a pie, ellos que sostienen este movimiento nunca visto antes en la larga y triste historia de Guatemala. El movimiento genera una serie de efectos secundarios que debemos aprender a mitigar. Pero no se hará claudicando en nuestras peticiones, esto es, que renuncien los golpistas. El Pacto de Corruptos con su cara visible, Giammatei, de manera cínica y arrogante, como sólo èl puede hacerlo, ahora minimiza la naturaleza social de este enorme movimiento. Junto a eso, infiltra de manera burda a pandilleros para que distorsionen las manifestaciones pacíficas.


Es cierto que la normalidad guatemalteca es de soportar y soportar la corrupción. A eso le hemos puesto un alto y por eso el Paro Nacional. Pero no llegamos al Paro Nacional solo por un capricho. Estos movimientos sociales tienen raíces, tienen historia. La cruda realidad es que la corrupción provoca sueldos miserables de empresarios egoístas, no todos; carreteras mal hechas, hospitales desabastecidos, medicinas hiper caras en comparación de cualquier país de la región debido a la ambición desmedida de los empresarios de la salud, puertos y aduanas totalmente cooptadas, para dar unos pocos ejemplos. Eso acaso, ¿no es razón suficiente para este levantamiento social?


Un análisis de costo beneficio del Paro Nacional debe incluir una visión a largo plazo. El Pacto de Corruptos se centra en el corto plazo. Los ciudadanos debemos enfocarnos en el largo plazo. Para un pueblo que apenas tiene acceso a una educación pertinente, apenas tiene alimento, apenas tiene servicios de salud, apenas tiene acceso a medicinas con costo justo, apenas tiene acceso a una justicia pronta, apenas tiene acceso a justicia en general: para un pueblo explotado como el nuestro pedirle que piense en el largo plazo casi que es un pecado. Sin embargo, la paradoja es que el movimiento nace desde los grupos indígenas que por siglos han sido explotados y que en su lucha encuentran en la democracia una posible salida a este largo sufrimiento. Para los golpistas el Paro Nacional es solamente una piedra en el zapato. Ellos no quieren ver el enorme movimiento social que grita por un país diferente.


Estamos indignados. En eso somos iguales con el Pacto de corruptos. Ambos estamos indignados, pero este Movimiento Social nace de un tipo de indignación completamente diferente. La indignación del Movimiento Social que tiene como punta de lanza el Paro Nacional. Este paro logra articular lo que antes era una contradicción, lo urbano-rural, lo indígena-ladino, lo izquierda-derecha. Ese es el mayor logro de este movimiento: La articulación de las diferencias.


La indignación del Pacto de Corruptos tiene una lógica perversa. En principio construyen una narrativa falsa de que Semilla es un partido fraudulento. Todo el show judicial que hicieron, que hacen y que quieren seguir haciendo es sólo eso, un show porque jurídicamente eso no tiene ni pies ni cabeza, pero le sirve al Pacto de Corruptos como banderita de batalla. Ahora el Pacto de Corruptos sale indignado pidiendo libertad, pero libertad para sus negocios. Es cierto, hay una tensión entre los Paros y las necesidades reales de los pueblos en resistencia. Esos pueblos están en todo el país, en todo el país. Entonces, estamos viendo la forma en que la Resistencia logra modular esta tensión entre los Paros y la flexibilidad de locomoción. Eso ya se está dando sin ceder en sus demandas claras: La renuncia de los Tres Golpistas, los ridículos de Porras, Curruchiche y Orellana.


El 12 de octubre Giammatei recibió a los líderes de los 48 Cantones en Casa Presidencial. Al inicio les dijo a las 11 AM y luego les recibió, irrespetuosamente, a las 3 PM. Arrogante como es, la reunión protocolaria que ingenuamente la aceptaron los líderes indígenas en los términos en los que quería Giammattei, para decir lo que quería decir Giammatei: Nada. Como siempre este personaje siniestro, manipulador compulsivo, psicópata social utilizó a los líderes de los 48 Cantones para decirnos que nos diga: «que él no puede, que èl no tiene nada que ver, que la ley no lo deja destituir a la fiscal, que se pongan la mano en la conciencia, que, que, que…».


¿Cómo pudo Giammatei desperdiciar esta oportunidad de entender el Paro y encontrar una salida a esta crisis? Bueno, en principio es racista y por lo tanto no cree que los líderes indígenas tengan algo que enseñarle. Segundo, se hace el sordo y no entiende que el movimiento social no es un capricho, como el cree. Tercero, Giammattei cree que una mesa de diàlogo es para que los líderes escuchen su letanía: «yo no puedo, yo no soy, yo no debo…», cortina de humo para no decir lo que realmente quiere, que es: Yo por todos los medios no dejarè que Arévalo tome posesión, ni el 14 a las 14, ni nunca. Por eso el Paro debe continuar.


Estamos en la segunda semana del Paro Nacional que construye un Movimiento Social sin precedente en la historia de Guatemala. Los pueblos guatemaltecos están unidos en sus demandas y entienden que el objetivo está claro, lograr la destitución de estos corruptos como primer paso a la construcción de un nuevo Estado. Ahora, habrá que mitigar los efectos secundarios del Paro tal como se está dando. Los guatemaltecos no nos estamos suicidando con este Paro. Los guatemaltecos estamos indignados. Los 48 Cantones iniciaron una lucha fundamental y han logrado que empecemos a vernos como país. La indignación nos ha llevado a articular nuestras diferencias, esa es la base social de una Guatemala mejor.

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