Monday, July 15, 2013

Un problema de conciencia


Felipe Cuevas Méndez
Miembro del Partido Comunista

Tienes idea de ser consciente en tanto te reconoces humana(o), en una sociedad, en un contexto, en un conjunto de grupos actuantes desde lo familiar a lo político: sientes que por ello eres consciente de ti y de tu grupo económico-social; de sus acciones y pasividades. Consideras que tus relaciones las controlas y encausas a tus fines, aunque a nuestro alrededor hay poderes que oprimen y ordenan la vida social, así nos coartan hasta en ese espacio existencial que llamamos libertad de hacer, o simplemente el “soy libre”, aunque la base de dicha libertad se encuentre saturada de imperativos que no hacemos más que poner en práctica. Estamos aquí ante el límite de un margen de conciencia. Por esta razón se habla de conciencia general, social, pública, cívica, de clase, organizacional, eco-ambiental, circunstancial; subrayando los rangos de relaciones sociales concretas.
La cuestión de la conciencia resulta demasiado importante a nuestros pueblos como para dejarla en manos de quienes participan de su dominación bajo poderosos medios, tecnologías y recursos. Las clases opresoras sabiendo actuar sobre los escenarios y debilidades de la conciencia, alcanzan a doblegarla, suprimirla o hasta restringirla según el caso y sus posibilidades, a las áreas de su interés hegemónico (póngase atención a la batalla imperial en toda la línea contra la conciencia latinoamericana de nuestros pueblos). Como particularización recordamos que en psicología se habla del castigo como recurso bueno-malo para aprender, pero poco se dice sobre el aprendizaje del castigo, es decir, del hecho de que aprendemos el castigo como recurso relacionante, y no sólo o no siempre del objeto de conocimiento e información que por esa vía se nos muestra; el castigo en este sentido se constituye en una herramienta para doblegar o ser doblegado, para forzar la conciencia propia o ajena, para transbordar la violencia al pensamiento. La represión imperialista, su castigo global, se cierne sobre los pueblos que atisban conciencia propia, así el castigo en sus fundamentos sociales y sistémicos conduce a lavar los cerebros para formatear la conciencia popular y clasista.
Distorsionar la conciencia es una inmutable amenaza capitalista que se respalda en las relaciones de dominación a que se procura restringir nuestra vida y pensamiento. El estado actual del sistema capitalista imperialista y su feroz despotismo incrementa sus tareas de des-concientizar, a sus artes mediático-políticas agregan las teorías  para confundir el ser social y el cientificismo como es el Proyecto Brain (promoción de las neurociencias para controlar y dominar la conducta, influir o persuadir la voluntad de clase). La fuerza de dominación quiere romper los límites del control mental individual y colectivo, porque van de la mano de sus apetitos de expansión, de reparto del mundo y nuevo orden mundial; objetivos insostenibles sin el control prolongado de las conciencias.
La producción capitalista, las máquinas, los objetos, la cultura, las ciencias, las cosas que también nos reproducen en las relaciones existentes, que forman la base de nuestra condición inerte frente a la dominación, son plegadas a la anulación de toda conciencia crítica, en sus propias entrañas llevan el elemento antagónico que posibilita nuestra manera de pensar. La conciencia del capital está en asumirse creador de las cosas, erigiéndose como única voz de las relaciones sociales y de esta existencia social (in)humana. La conciencia crítica y revolucionaria es negación-ruptura de este sistema de relaciones y objetos. La conciencia de clase se constituye en tal cuando se desarrollan las negativas al punto de vista unilateral de los contrarios, cuando finalmente se avistan los intereses antagónicos. En la conciencia se afirman poderes y contrapoderes, dominancias y resistencias, por esto y otras cosas es un asunto de lucha absoluta, la revolución misma en todas sus formas es un acto de suprema conciencia.
En todos los frentes del capitalismo se arremete contra la conciencia social, así ella esté ausente, se retuerce la realidad, la existencia, la verdad, la experiencia, la totalidad, hasta la vieja legalidad, para que sea más difícil adquirir conciencia histórica. La clase dominante impone su ideología dominante y su conciencia dominante, impone la mentalidad colonial, la seudo-conciencia del ser sometido, la anulación de toda forma de conciencia que trasgreda o vitupere el régimen del capital, que destaque las relaciones de igualdad, la dignidad de los pueblos y los valores de solidaridad entre los pueblos.
A partir de estas prevenciones la oligarquía financiera se antepone como personaje “paradigmático” de la historia, antepone sus intereses a las mayorías, ordena una separación, alienta divisiones, rechaza antiguos derechos soberanos, nacionales o sociales, produce nuevas contradicciones, recrea estructuras de clase, fomenta conciencias aburguesadas, vigila y atropella la comunicación social. En sí misma la realidad lleva a resaltar la conciencia de las relaciones dominantes, sin embargo ésta siempre registra el antagonismo subyacente, por tanto presenta la alternativa de conciencia de cada contradicción y de apelar al lado opuesto, a la confrontación de intereses, las contradicciones organizan a los opuestos para adquirir conciencia de sí. Decimos que en la vida social tenemos distintas necesidades, que siguen desarrollándose, las cuales bajo el régimen capitalista nos privan la libertad porque vienen aparejadas con el poder político-económico, cabe destacar que la necesidad de conciencia social en el individuo, sector o clase es vital para mantener a la humanidad en pie y revolucionar nuestra sociedad, para luchar porque la libertad impere sobre la necesidad bajo relaciones sociales de igualdad.
Es por ello de la necesaria presencia de una concientización revolucionaria plena. Donde lo revolucionario es el rechazo de nuestra condición de opresión, dominación y explotación social. Desde su aparición la teoría revolucionaria fundada por Marx y Engels siendo jóvenes luchadores, está en el centro de los ataques del capitalismo, en vista que promueve y es “práctica-teórica” de dicha conciencia para la transformación del mundo por las clases explotadas y oprimidas. En el tema de la conciencia las ideologías burguesas del vulgarismo, modernismo y posmodernismo en todas las experiencias propias de las conciencias capitalistas centran su atención en contra de tal perspectiva revolucionaria, por tratarse de “enfrentamientos estériles” de cara a las relaciones de producción capitalistas. Si bien la teoría revolucionaria es el movimiento de las ideas de las clases explotadas y oprimidas por una conciencia política clasista y una sociedad comunista, en sí misma no resuelve el problema de la conciencia, sólo apela a su realidad y la práctica. En esta autocrítica revela su crítica a la ideología de los procesos de aprendizaje como maraña de relaciones de poder en la educación con los cuales se simula despejar la conciencia sin alterar el orden existente, o según recordamos: los filósofos sólo han interpretado el mundo, se trata de transformarlo. Que se traduce en la doble necesidad de concientización revolucionaria y luchar con conciencia revolucionaria sobre el mundo burgués y su racionalización por el cambio general.
El contexto de las difíciles condiciones del capitalismo y sus crisis, así como los procesos de proletarización actual, de cohesión de las clases y sectores constituyentes del pueblo, conducen hacia adelante las distintas dimensiones de la conciencia social. Hasta aquí la conciencia social clasista es una respuesta revolucionaria a las condiciones de clase.
Entonces, las relaciones existentes imponen conciencias fragmentadas, otras veces falsas conciencias de la realidad, inconsciencias, alienaciones en pro de las clases hegemónicas, invisibilizaciones sobre los roles sociales; que debemos interpretar y despejar precisamente en la lucha por la toma de conciencia social.
Peculiar importancia conquistan las capas medias por cuanto en su entorno se consolidan refuerzos de las relaciones dominantes. En el avance del capitalismo estas capas desgarraron terreno sobre nociones antes bastante demarcadas, entremezclaron elementos de las clases antagónicas y dieron sustento a realidades suplementarias dentro de la sociedad capitalista. Las capas medias están sumidas en jerarquías, exclusiones y dominancias propias que rechazan los mecanismos colectivos que las “disminuyen” ante el proletariado y sectores populares, haciéndoseles creer que sólo necesitan la dependencia del  capital, el desperdicio de nuestros recursos y las relaciones capitalistas. En este terreno las capas medias asumen un rango de superioridad vanguardista de cierto poder social de clase, con respecto de los campesinos y proletarios, de hecho la gran burguesía promovió la asunción de tal rol para derrotar importantes movimientos sociales. Las capas medias hacen una toma de distancia con la sociedad, llevan a cabo cierto mimetismo para sostener su lugar, pero son sistemáticamente empujadas a asociarse a la hegemonía de la burguesía y el sistema capitalista.
A pesar de su “desubicación” del contexto social de la lucha de clases, la incomprensión de los problemas, el reaccionarismo, la volatilidad, su visión de progreso consumista, en ocasiones una vida en rosa del capitalismo e instrumento para golpes de estado, aplicación de medidas fascistas y desplazamiento de la lucha democrático-revolucionaria; presentan una asimetría de fuerzas y tendencias, siendo además avasalladas por la burguesía. Frente a la realidad de la crisis las capas medias se ven atenazadas por los antagonismos del sistema, desplazadas y encausadas a la alianza con los sectores populares. No obstante lo que nos interesa en este momento es la conciencia de sí que influye grandemente entre las mayorías. Además de entrar en el ámbito de la multiplicidad de las conciencias, si retomamos la idea de capa media es con la intención de marcar distancia respecto del concepto de clase media debido al fin político que éste guarda para aludir una concepción de la clase social y para posicionarlo respecto de la clase de los proletarios, lógicamente prescindir del concepto no implica negar que existan clases medias, únicamente nos levantamos contra la inconsistencia del concepto ya que algunos de sus sectores forman parte de un proletariado aristocrático, de la burguesía no monopolista o de la pequeña burguesía, sea también contingentes de empleados que vivan a lo burgués o se encuentran en la penumbra de la pobreza. Y si no enmarcamos dentro del concepto de pequeña burguesía es por la concreción de éste en los de pequeños productores del campo y la ciudad ya circunscritos en las capas medias; si bien merece su análisis específico, no viene al caso para los fines de estas reflexiones y nuestro espacio. Las capas medias influyen extensamente en las clases explotadas, asimilan una gran capacidad de habilidades políticas en el margen de la democracia burguesa que les hace destacar sus demandas por encima de los demás. No obstante, su contenido y respaldo a la dominación general del capital, así como el de su conciencia, está compenetrado con el de las relaciones generales del capitalismo, por lo que sus sectores populares dispuestos a luchar contra el sistema encuentran otra alternativa de conciencia para los cambios revolucionarios apoyándose en la conciencia proletaria.
Ya que estamos en la identificación de los escenarios del capitalismo, retomando el tema, la base para la conciencia se caracteriza por el origen de clase o sector en primerísimo lugar, es decir el lugar que se ocupa al interno de los antagonismos sociales. De tal condición se desprenden por consecuencia los primeros destellos para la conciencia social: burguesa, media, pequeño burguesa, campesina o proletaria.
Adquirimos conciencia de clase sobre la base de nuestra condición social, sobre los fundamentos de las relaciones sociales de dominación económica, política, social y cultural. Pero esto es sólo la conciencia de sí, es decir, la conciencia de que se pertenece a un grupo social determinado que forma parte de antagonismos comunes frente a otro grupo. Es fundamentalmente la producción social que define la configuración de esos grandes grupos llamados clases sociales, y al estar presentes en ella alcanzamos noción de clase por identidad de nuestras condiciones de existencia, a pesar de ello también operan tendencias contrapuestas a velar o encubrir esta base de la conciencia. Particularmente las capas medias operan hacia adentro y hacia afuera de sí para desclasar, es decir desarraigar de las condiciones propias la conciencia de sí y de los demás, aproximándola a las clases dominantes las cuales son los distintos estratos de la burguesía pues: comercial, agrícola, servicios, mediática, en los deportes, industriales, banqueros, financistas, terratenientes.
Por lo demás tenemos ya el ser de clase y la identidad de clase como estructuras para la conciencia de clase. Esto no es todo para que la conciencia social sea adquirida, la simple existencia del capitalismo monopolista lo explica, el elemento espontáneo no genera todos los aspectos de la conciencia y lucha revolucionaria, no tenemos aún la conciencia social general que impulse los grandes cambios que el mundo requiere. Como citamos previamente, son importantes los conocimientos e información sobre los fundamentos de nuestra sociedad, pero ellos mismos no hacen la ruptura, en dos siglos la cultura humana avanzó enormemente, la educación es uno de los grandes logros del sistema, y las clases dominantes resultaron ser quienes mejor le sacaron partido. Tanto porque ello no cambia las relaciones de dominación en sí mismas, como porque el conocimiento se adentra en el funcionamiento de las reglas del sistema, como porque no se sustrae al conocimiento la carga de antagonismos sociales que entraña la realidad. Aún así es claro que los conocimientos de clase y la teoría revolucionaria son necesarios para alcanzar conciencia de clase.
El movimiento social en el mundo destaca diversos avances en la toma de conciencia, rechazados o aceptados, es innegable el hecho de que proyectan luz sobre sus protagonistas y otros sectores en su alrededor, desenmascaran el sistema y refuerzan en algún grado la acción popular contra el capitalismo.
Movimientos tradicionales por su parte se dotan de esquemas de trabajo que les aseguran reproducir un nivel concreto de conciencia en sus agremiados, necesario a sus luchas y la continuidad de éstas, pero a su vez atados a las estructuras que mantienen su condición de sometimiento en las jerarquías del capitalismo. Por tanto la graduación de su conciencia se encuentra bajo límites “controlables”.
Los grupos políticos revolucionarios se dotan de una gran conciencia interna de los cambios, por distintas condicionantes se enfocan principalmente a reciclarse en tanto tales y no logran romper la barrera social a que pertenecen, contribuyen en mayor o menor grado a importantes luchas populares y por la conciencia, sostienen la norma de que el máximo de conciencia es un asunto propio para “conducir”. Se enfocan mecanismos tradicionales de “llevar” la conciencia, pero entre estos medios, sus recursos y los esquematismos, se prestan blancos fáciles a la burguesía y sus estados. Llegado el momento de su desgaste, dificultades o marginación; se reproducen los antagonismos en su interior y pueden encontrarse ceñidos a las normas de la política burguesa o pequeño burguesa. En su indiscutible rol, en la descarga y manejo de los puntos para atisbar la conciencia social de conjunto, la visión romántica sobre la formación popular o de cuadros no debe convertirse en panacea para la labor revolucionaria, ni sus limitaciones en causa de todos sus problemas; la formación popular y de cuadros para que sea certera se hacen como parte y dentro del conjunto de ejes de la lucha y vida social que canalizan la conciencia.
Por aquello de que la conciencia llega desde fuera (tesis del ¿Qué hacer? de Lenin), hay que hacer una breve ubicación del concepto en superación del pensamiento lineal, puesto que en tanto posición estratégica, significa que las condiciones “naturales” del capitalismo no arrojan en sí mismas una visión revolucionaria inmediata de las cosas, sino que hace falta estimular el factor subjetivo que las analice, que agrupe el elemento consciente para la auto-emancipación, que enfrente en trincheras de lucha a la espontaneidad de las relaciones de dominación económicas, políticas e ideológicas; no está necesariamente enfocada en la demarcación entre intelectuales y clases, sino entre la espontaneidad de la conciencia de clase en sí y la organicidad de la conciencia de clase revolucionaria para sí e independiente superando las restricciones internas de algunas formas de lucha. Las luchas gremiales, de gestión y funciones públicas tienen un importante lugar para la lucha de clases, pero si se constriñe la conciencia al simple aprendizaje y cuidado de éstas: la lucha estrictamente sindical o administrativa se sabe que conducen al reformismo, el burocratismo y un par de relaciones de control y poder. Es entonces cuando la teoría revolucionaria tanto como el ámbito de la praxis de las revolucionarias y los revolucionarios –por cuanto constituyen un espacio de identidad colectiva agrupada o no– romperá con viejas prácticas de relaciones de poder destacando la importancia de las tareas y fortalecimiento de la conciencia. Sin embargo también recupera la perspectiva hacia la revolución de los términos entre “cuadros y masas”, previamente enclaustrados en la distorsión vertical dirigente-dirigido, que dificulta el acceso de la conciencia en todos sus planos, impide asociar dialécticamente el conjunto de conciencias populares en sus evidentes diferenciaciones, así como limita al desarrollo de los liderazgos junto a la capacidad de acción popular.
Son diversos los campos desde donde se quiere trabajar por nuestra concientización. Ninguno es de subvalorar, todo esfuerzo es importante, máxime si consideramos nuestras posibilidades, fortalezas y debilidades, debemos laborar porque logren colocarse en un nuevo plano para el desarrollo de la conciencia de clase.
Desde luego que la conciencia social revolucionaria es vital a los pueblos en la lucha contra el imperialismo y todo el sistema de relaciones capitalistas. Nos dotamos de ella conjuntando la condición de clase, la identidad de clase, la formación de clase, la organización, la lucha contra las distintas estructuras y acciones de las clases dominantes. La forma en que se articulen e integren estos ejes depende de condiciones variables. Estos son sin duda elementos indispensables hacia la conciencia, a ellos debemos proyectar el antagonismo irreconciliable de las clases explotadas y oprimidas con todo el sistema social, la condición de protagonismo, reconocimiento y auto-reconocimiento de todos los actores sociales, de ejercicio democrático y ubicación del objetivo emancipador. La posesión y ejercicio de dichos atributos no puede ser patrimonio de unos cuantos, lo cual equivale a desmantelarlos por la vía de los hechos, porque si fuese así, seguimos sin conciencia, forman un importante campo de acción de tareas populares y revolucionarias que deben cultivarse en todo movimiento independientemente de su tamaño, son siempre propulsores de grandes luchas.
Nos falta considerar otro eje, para que la conciencia sea tal, se requiere decisión de avanzar en consecuencia tanto contra las relaciones de dominación, como para forjar una nueva práctica relacionante emancipadora que construya la nueva sociedad desde las entrañas de las luchas actuales. Esta determinación se hace en el firme avance de la lucha de clases hacia los procesos revolucionarios, cambia continuamente de abanderados según las circunstancias de la lucha de clases hasta hacerse parte de las mayorías y de la lucha esencial contra la propiedad privada de medios de producción. En el marco de esta determinación es posible la contundencia respecto del análisis de todas las condiciones que presente el capitalismo en una perspectiva consecuente con el objetivo general por la sociedad socialista. Obviamente sin teoría revolucionaria la determinación y la práctica son lanzadas a otras costas, mas dado que en ello suponemos un “consenso general”, no vamos a estudiar el tema en este momento.
Vámonos a otra cuestión de interés para el problema de la conciencia. La conciencia se apoya en múltiples cuestiones, pero actúa con centralidad en apenas un reducido número de consignas sintéticas o fundamentales que nos afectan, movilizan los intereses con que se jalona toda nuestra percepción histórico-social. Las clases dominantes programan algunos principios generales que encubren el interés y conciencia propia para desplazar del escenario la línea opuesta y nublar la conciencia proletaria-popular; en algunos casos consiguen apoyarse ampliamente para sus fines. Se comprende que su condición de clases hegemónicas les permite actuar sobre este terreno con ventaja y seguridad. Mientras que los pueblos encuentran mayores dificultades puesto que luchan contra todo un mundo de poderes, la combinación de sus fuerzas en el foco de los grandes problemas abre paso a la unidad de la conciencia revolucionaria. La asunción de la conciencia se manifiesta en que en la percepción del pensamiento, la acción y el contexto se toman como punto de referencia de la visión transformadora, así la radicalidad frente a la dominación integra su ser de clase: el obrero contra el modo  de producción, el estudiante y la maestra frente a la actual raigambre de clase y privatizadora de la educación, el campesino y el indígena frente a la posesión de la tierra y el espacio político-cultural, el empleado ante las relaciones de poder opresivas, el pequeño productor y la artesana ante los dilemas de las relaciones mercantiles capitalistas.
Aprendemos la conciencia incorporando al sujeto social a los procesos que la desarrollan, incorporando conocimientos concretos y definiciones políticas que la argumenten, incorporando el compromiso ante la clase o sectores, ante la humanidad y sus principios de comunidad, progresando las formas de conducta social por el cambio revolucionario, incorporando constantemente el debate interior y del grupo de pertenencia para liberar nuestras relaciones sociales, fogueándose en las constantes disputas frente a las clases dominantes y el modo de vida que nos han impuesto, retomando la conciencia proletaria y popular como referencia, creando los medios pertinentes a nuestra participación decisiva como clases y sectores populares en la decisión de nuestro horizonte social, subrayando la importancia de organización revolucionaria, reconstruyendo la moral del pueblo bajo las premisas de relaciones fraternas y revolucionarias de la convivencia social.
La conciencia social está en conflicto con pretendidas imposiciones de ésta, con medios de compra de conciencia, con las presiones sobre ésta y el chantaje político de donde venga, por ello en cuanto ésto se avizora, la conciencia se nos escapa como posibilidad social.
La conciencia en sus primeros aspectos y posiblemente de manera fragmentaria, aparece en los sitios menos esperados, “menos próximos” al centro de dominación capitalista (territorial, étnica, temática o sectorialmente hablando), con ella nuevos sectores irrumpen en la arena política y de la lucha de clases, lo que potencia a quienes se encuentran en la lucha a la vez que conduce nuevos destacamentos y formas de combate innovadas por sus protagonistas; es verdad que suelen presentarse situaciones de “debilidad ideológica” pero esto debiese considerarse como un fuerte aguijón para avanzar aunando todos los esfuerzos en la lucha contra el capitalismo antes que la política burguesa o el pensamiento de clase media los socave; una conciencia comunista debiese reclamar atención de estas cuestiones. Las conciencias tienen sus procesos de maduración, que si bien deben ser apoyados, es primordial observarlos, advertirlos en sus características, para que se les aliente y se contribuya a revolucionarlos antes que ser parte de los factores de su propio estancamiento. No se trata de ensambles de conciencias, sino de asimilar las conciencias populares para contribuir a su propia revolución clasista.
La conciencia de las divergencias también es indispensable, templarla, replantearla para que efectivamente sea un campo especial de la conciencia sin el arrebato, la injuria, la sospecha o el maquiavelismo. Así sin anular, confundir o desviar la conciencia de clase a pura conciencia ideológica de las diferencias teórico-políticas debemos despejarla para que juegue un rol positivo en el proceso general de la lucha de clases. La conciencia debe dar acceso a la secuencia de estados mentales que despejen todos los fenómenos interiores de las relaciones humanas, haciéndolas comprensibles y cuestionables en todos sus planos, para aplicar la intuición de clase, la creatividad y construcción de un mundo nuevo. De tal suerte que la conciencia irrumpe frente a la enajenación económica despejando sus realidades, replantea las condiciones de la alienación de las clases pudientes y la erección de su supremacía; restituye al sujeto social contra las invisibilizaciones del sistema, se convence que la acción arroja consecuencias transformadoras, y recrea las tendencias de ruptura social revolucionaria.
Haremos una referencia muy de pasada a la conciencia comunista revolucionaria específica –porque entendemos que comprender las otras conciencias es parte de su premisa–, es destacar la visión del horizonte emancipador por una sociedad sin clases explotadas ni explotadoras, sin opresión social, sin relaciones sociales de dominación. Es la percepción hacia dónde se anhelan los grandes cambios, es compromiso de lucha proletaria y popular, de esfuerzo político permanente, percepción de la realidad histórica que precisa demostrarse y trascender al seno de nuestros pueblos. Es acción clara en cualquier terreno contra objetivos precisos del capitalismo imperialista para contribuir a la rueda de la historia sin vuelta atrás. La lucha por adquirir conciencia comunista revolucionaria es cotidiana, de debate colectivo y definición individual poniendo a prueba recursos políticos, orgánicos y teóricos, si simplemente la ubicamos en el espectro de la historia futura o de las “grandes acciones”, corremos el riesgo de poner en marcha relaciones rígidas a su margen, contrarias a su proyecto, que la niegan en sus bases, carcomen la credibilidad popular y medran la conducción propia de las revolucionarias y los revolucionarios cuando buscan asumirse bajo sus perspectivas.
La deriva del capitalismo imperialista ante sus agresiones, en detrimento de la paz y la seguridad mundial, ante nuevos despojos, ante su tendencia a considerar la conciencia como una más de sus propiedades para la primacía, ante todas sus amenazas contra la sociedad y el planeta, llaman a la combinación de las conciencias populares, a emplear e innovar todas las formas de hacer conciencia, a luchar por trascender el sistema social en todos sus ambientes, a vigorizar la conciencia revolucionaria clasista que recobre direccionalidad en la lucha decisiva y emancipadora, a la conciencia general de las clases explotadas y oprimidas.


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