Tuesday, March 3, 2026

La vergüenza y el rescate del Colegio de Arquitectos: Una reflexión ética y estructural.

 Fernando Cajas.


Los colegios profesionales en el mundo cumplen funciones esenciales: supervisar la práctica profesional desde sus aspectos sustantivos hasta los éticos. Durante los años 80 del siglo pasado, el filósofo Donald Schön lideró una profunda reflexión sobre el rol de los profesionales, tanto positivo como negativo, en libros como The Reflective Practitioner. Schön proponía ver la práctica profesional como una actividad reflexiva, donde los expertos no solo aplican conocimiento técnico, sino que responden creativamente a problemas complejos. 

En paralelo, la sociedad estadounidense ya criticaba a profesionales como médicos, abogados, ingenieros y arquitectos por ineficacia, egoísmo, ignorancia del bien común y agravamiento de problemas sociales, como la contaminación ambiental, la desigualdad o los altos costos médicos. Esta reflexión sigue pendiente en Guatemala. 

A nivel individual, aprecio a muchos colegas arquitectos, amigos y conocidos respetados, y veo la arquitectura como una profesión fundamental para nuestra sociedad. Sin embargo, lo que denuncio aquí es el papel indignante del Tribunal Electoral del Colegio de Arquitectos de Guatemala durante la elección de electores para el rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) el 2 de marzo de 2026. 

El tribunal se negó a inscribir la planilla de oposición, alegando errores subsanables. A pesar de dos órdenes judiciales —incluyendo un amparo provisional de un juzgado que exigía su inscripción inmediata—, el proceso inició con una sola planilla afín al rector actual, Walter Mazariegos. ¡Imagínese usted!

En un acto que evoca el realismo mágico de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, donde Remedios la Bella asciende al cielo desafiando la ley de la gravedad mientras dobla sábanas, la presidenta del tribunal, Evelyn Grisel Castañeda, anunció a 20 minutos antes de terminar la jornada de votaciones: «El amparo viene correcto. Entonces con muchísimo gusto acatamos la ley. Entonces tenemos dos planillas. Eso ya no es cuestión mía…». 

Este incidente no es aislado. En el Colegio de Ingenieros Agrónomos, la planilla opositora fue inscrita solo tras un amparo similar. En el Colegio de Ingenieros de Guatemala, la oposición no fue inscrita a pesar de solicitudes formales. En el Colegio de Ingenieros Químicos, como relató el ingeniero Renato Ponciano, se rechazan planillas por errores subsanables sin oportunidad de corrección, violando derechos fundamentales. Estos patrones revelan un problema estructural: algunos colegios profesionales han sido cooptados por grupos minoritarios que los usan para fines personales y políticos, priorizando lealtades sobre la ética.

En Guatemala, la colegiación es obligatoria según el Decreto No. 72-2001, Ley de Colegiación Profesional Obligatoria, que establece que todos los profesionales universitarios deben afiliarse para garantizar la superación moral, científica, técnica y cultural de las profesiones, así como el control ético de su ejercicio en beneficio de la sociedad. Los colegios son asociaciones gremiales no lucrativas y esencialmente apolíticas, con sede en la capital y fines como promover la disciplina, el mejoramiento cultural y la defensa contra el empirismo. Esto choca con la Constitución, que garantiza la libre asociación (Artículo 34), pero se justifica por un bien superior: el Estado prioriza el control profesional para proteger al público. 

Sin embargo, cuando los dirigentes persiguen intereses políticos —como defender a un rector cuestionado por corrupción y mandatos vencidos en el CSU—, pierden objetividad, ética y moral. ¿Por qué aferrarse a una planilla afín al «usurpador»? Probablemente por beneficios como plazas o prebendas, que socavan su rol como instituciones.

Reconozco que los tribunales electorales podrían argumentar rigurosidad en requisitos para mantener la integridad del proceso, como exige la ley. No obstante, rechazar planillas sin permitir subsanaciones —un derecho administrativo básico— parece arbitrario y motivado por sesgos, especialmente con vínculos laborales a la Usac o intereses espurios. 

Así como urge despolitizar las universidades, convertidas en centros de poder clientelar, lo mismo aplica a los colegios profesionales. Mientras tanto, el camino a la recuperación de la Usac continúa con una resistencia honesta, transparente y valiente. Las votaciones de egresados prosiguen esta y la próxima semana. El ejemplo también lo dieron los y las arquitectas que votaron NULO en la votación supramencionada, el voto nulo fue mayoritario y con ello logran forzar a una segunda vuelta, recuperando la dignidad de esa votación. 

Ese es el camino para recuperar a la Usac, la participación: Votemos por la dignidad y el rescate de nuestra universidad nacional. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.


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