Friday, October 30, 2026

El pensamiento crítico.

 Fernando Cajas.

«Cuando una universidad está cooptada y no busca la verdad, jamás buscará el pensamiento crítico».

Durante años he insistido en que el pensamiento crítico no es un adorno intelectual ni una lista de habilidades que se “enseñan” en un curso. Es una práctica social. Se aprende participando en comunidades donde se opina, se construye, se disiente y se argumenta. El aprendizaje, entonces, no es reflejar lo que dice el maestro (la metáfora del espejo); es saber participar. Por eso la educación bancaria (Freire), la de repetir y devolver en exámenes, destruye la posibilidad misma de pensar.

La psicóloga del desarrollo Deanna Kuhn ha mostrado, con décadas de investigación empírica, que esta práctica no surge por maduración natural ni por acumulación de contenidos. En su libro Education for Thinking sostiene que las escuelas deben centrarse en enseñar a usar bien la indagación y la argumentación. La indagación es formular preguntas que valgan la pena, coordinar teoría y evidencia, controlar variables, interpretar datos y sacar conclusiones justificadas. La argumentación es el diálogo en el que se defiende una posición, se anticipan objeciones y se evalúan las de otros. Una sin la otra se empobrece: la indagación sin argumento se vuelve técnica ciega; el argumento sin evidencia se vuelve retórica vacía.

Kuhn demuestra algo que en Guatemala vemos todos los días: estas habilidades no se desarrollan solas. En estudios que siguen a estudiantes durante años se observa que muchos llegan a la secundaria con modelos incorrectos de causalidad, con sesgo de confirmación y sin capacidad de distinguir entre lo que creen y lo que la evidencia muestra. Solo la práctica dialógica y sostenida —no la exposición pasiva— produce avance. Además, identifica niveles de comprensión sobre el conocimiento: del realista que cree que las afirmaciones son copias de la realidad, al absolutista que busca la verdad única, al multipista que declara “cada quien tiene su verdad”, hasta el «evaluativista» que reconoce la incertidumbre, pero evalúa según criterios de evidencia y argumentación. Solo este último nivel hace posible un pensamiento crítico maduro. Muchos adultos, incluso en la universidad, se quedan en los niveles anteriores.

Esto conecta directamente con lo que he planteado para la educación superior guatemalteca. Si la universidad sigue siendo un espacio de obediencia, de miedo y de reproducción de lo dicho por la autoridad —como ha ocurrido en los últimos años en la Usac—, no formará personas capaces de enfrentar la complejidad de nuestros problemas (desnutrición, pobreza, crisis ambiental, cooptación institucional). Formará técnicos que repiten o, peor, profesionales que confunden opinión con conocimiento.

El pensamiento crítico, como práctica social orientada a la acción, es precisamente la rebeldía informada de la que he hablado. No es cuestionar por cuestionar. Es analizar razonamientos, suposiciones e intenciones ocultas, y hacerlo en comunidad. Kuhn aporta la evidencia de que esto se aprende practicando la indagación y la argumentación dialógica desde temprano, y de que las escuelas que lo hacen logran que estudiantes de contextos vulnerables desarrollen pensamiento que de otro modo no aparece. En nuestro caso, implica abandonar de una vez la idea de que aprender es repetir, y convertir las aulas —escolares y universitarias— en espacios donde se investigan problemas reales y se argumenta con evidencia.

La democracia no nace por generación espontánea. Se construye con ciudadanos capaces de participar sin falsas dicotomías, de evaluar afirmaciones y de actuar colectivamente. Eso exige una educación que tome en serio lo que Kuhn y la investigación en aprendizaje han mostrado: que el pensamiento crítico es fundamentalmente una práctica social la que se aprende haciendo, en diálogo, con propósitos que los estudiantes reconozcan como valiosos y no dentro de un ambiente de temor. 

Por eso, cuando una universidad está cooptada y no busca la verdad, jamás buscará el pensamiento crítico. 

Thursday, October 29, 2026

La luna de Xelajú: El origen de la vida.

 Fernando Cajas.

Es la madrugada de un frío amanecer en Quetzaltenango. Veo la pantalla de mi teléfono, que informa todo, me dice no solo que aún no son las cinco de la mañana, pero que la temperatura ronda los cinco grados Celsius. Al mismo tiempo, una intensa luz penetra por mi ventana… es la luz de la luna, la luna de octubre, la luna de Xelajú.

Me acerco a la ventana para tomar una foto. Afuera el cielo está limpio, de esos que solo se dan en las alturas de Xela cuando el aire frío empuja las nubes hacia el Pacífico. La Luna no está llena, pero brilla con una fuerza que hace innecesaria cualquier otra luz. Desde aquí, desde esta ciudad que aún conserva el nombre de su valle ancestral, la veo como la han visto generaciones, mis padres, mis abuelos, mis bisabuelos… como compañera: «Luna gardenia de plata, que, en mi serenata, se vuelve canción…»

Como explico en mi libro La Naturaleza Social del Ciclo del Agua, Editorial Piedra Santa, 2026, hace 4,500 millones de años, cuando el Sistema Solar apenas se estaba ordenando, un cuerpo del tamaño de Marte —al que los científicos llaman Theia o Tea, madre de Selene en la mitología griega— chocó con la joven Tierra. No fue un roce. Fue una colisión lateral, catastrófica, que fundió mantos, vaporizó lo poco de agua que ya había llegado en asteroides helados y lanzó al espacio una nube inmensa de material derretido. Parte de ese material quedó orbitando y, con el tiempo, se aglutinó para formar la Luna que ahora ilumina mi ventana. La ciencia lo llama la hipótesis del gran impacto. Explica por qué la Luna es tan grande, por qué su composición se parece tanto a la del manto terrestre y por qué tiene tan poco hierro en su núcleo. No es una hermana capturada ni un pedazo arrancado por rotación. Es hija de un cataclismo.

Ese mismo choque hizo algo más que crear un satélite. Se redistribuyó el agua de la Tierra que ya existía en el sistema. El calor extremo la convirtió en vapor; al enfriarse todo, se condensó y cayó de nuevo como lluvia sobre una Tierra aún humeante. Nació el ciclo del agua: evaporación, condensación, precipitación, escorrentía. Pero el agua sola no basta para la vida. Hace falta mezclarla, concentrarla, exponerla una y otra vez a minerales, a energía, a ciclos de humedad y sequedad. Y aquí entra la Luna recién nacida.

Al formarse tan cerca de la Tierra, generó mareas mucho más poderosas que las que vemos hoy. El océano primitivo no era un estanque quieto. Era un vaivén constante, un sube y baja de aguas que cubrían y descubrían costas que arrastraban sedimentos, que concentraban moléculas orgánicas en charcos intermareales. Imagino esos charcos: aminoácidos —los ladrillos de las proteínas— llegados del espacio o formados en la atmósfera y en las fuentes hidrotermales, depositados en la orilla, secados por el sol, rehidratados por la siguiente marea. Cada ciclo de marea era un experimento. La Luna actuaba como un gran mezclador cósmico, obligando a esas moléculas a encontrarse una y otra vez, a concentrarse, a reaccionar.

No sabemos exactamente cómo se formó la primera molécula capaz de replicarse —ese umbral que separa la química de la biología—, pero es plausible que las mareas hayan sido el escenario. En los laboratorios actuales se ha visto que ciclos de mojado y secado, de concentración y dilución, favorecen la formación de cadenas más largas de ARN o de péptidos. En la Tierra primitiva, la Luna proporcionaba ese ritmo de forma natural, regular, durante cientos de millones de años. Sin esas mareas constantes, quizá los aminoácidos se habrían diluido en un océano demasiado grande o se habrían quedado atrapados en sedimentos sin el vaivén necesario para mezclar nutrientes, minerales y energía. Las costas, impulsadas por la Luna, fueron posiblemente las primeras cunas de la vida. Quizá es por eso por lo que cuando observo el mar, ya sea en Champerico, en el Pacífico guatemalteco o en Boca Chica, en el Caribe dominicano, siento que venimos del mar.  

Hoy, desde mi ventana en Xelajú, veo esa misma Luna que estabilizó la inclinación de la Tierra y permitió un clima menos extremo, que generó las mareas que aún mueven el agua de nuestros océanos y que, en sus primeros tiempos, mezcló los ingredientes de la vida. Cada marea que llega a las costas del Pacífico guatemalteco o al Caribe lleva, en su ritmo, el eco de aquel impacto de Tea. El agua que sube y baja contiene átomos de hidrógeno formados poco después del Big Bang y oxígeno forjado en estrellas muertas. Contiene también la memoria de las primeras lluvias y de los primeros charcos donde, quizá, una molécula empezó a copiarse a sí misma.

La Luna de Xelajú no solo ilumina este amanecer frío. Es testigo y cómplice del origen de la vida en la Tierra. Mientras la miro, pienso que ese mismo vaivén que mezcló aminoácidos hace miles de millones de años sigue mezclando, hoy, el agua de nuestros ríos y mares. Y que nosotros, que hemos aprendido a intervenir en el ciclo del agua, tenemos la responsabilidad de no romper el ritmo que la Luna nos heredó.

La luz sigue entrando por la ventana y paralelamente sigue la canción: «Calles bañadas de Luna, que fueron la cuna de mí juventud…».

Monday, October 26, 2026

La crisis de la educación: El Fischmann.

 Fernando Cajas.

Hay una crisis mundial con la educación, siempre la hay. En el norte de París los estudiantes de los liceos salieron a protestar en septiembre de 2026. Los estudiantes salieron a las calles exigiendo más profesores, mejores condiciones en las aulas y horarios menos agotadores. Francia, que en PISA 2025 obtuvo 75 puntos en matemáticas, 85 en lectura y 81 en ciencias –cerca de la media de la OCDE–, notas que a pesar de ser relativamente altas no evitan el malestar en la educación francesa. Mientras tanto, en Guatemala, con 54 en matemática, 63 en lectura y 59 en ciencias. Todas las notas las presento sobre cien adaptadas por mi persona usando como referencia la nota máxima en cada área de PISA.  

Como observa el lector las notas en Guatemala son muchísimas más bajas que las notas de los estudiantes franceses, los que a pesar de eso exigen mejoras en la educación pública. Aquí la crisis se vive en silencio, como si los aprendizajes deficientes fueran un destino inevitable.

Aunque el actual gobierno ha intentado liberar a la educación de la captura que ejercieron el capo de la educación Joviel Acevedo junto al gobierno de la UNE y otros desgobiernos –que usaron a los profesores para la politiquería y se olvidaron de la esencia: aprender–, las condiciones heredadas siguen siendo paupérrimas. A este gobierno le ha tocado poner en orden lo que otros destruyeron. Por eso, a pesar de la inversión en infraestructura, le cuesta tocar los problemas esenciales de aprendizaje. De esos problemas, el subproblema de la educación técnica es grave.

La educación técnica ha sido abandonada en Guatemala. No solo a su suerte, sino a su mala suerte. El Fischmann en la capital es uno de esos casos. El Kerschensteiner de Mazatenango es otro. El Industrial de Quetzaltenango es otro. Otrora estos institutos brillaban. De a poco fueron perdiendo relevancia. La maquinaria y equipos técnicos se degradaron. Los edificios fueron abandonados. La crisis de infraestructura, de formación docente y lo que yo llamo crisis curricular es evidente. No hay formación docente de profesor de educación técnica y se cree erróneamente que quien se forma en educación técnica es para ser obrero y para trabajos manuales. Nada de eso es cierto. La sociedad moderna no sería posible sin los técnicos. La educación técnica no es un apéndice: es el contexto donde los alumnos identifican problemas, proponen soluciones, manipulan materiales reales, miden, cortan y hacen. Es ahí donde emerge la matemática elemental y la ciencia, no en la repetición ni en la memorización.

Ahora bien, el desastre de los institutos técnicos no explica por qué unos pocos alumnos del Fischmann crearon, con inteligencia artificial, videos simulando a sus compañeras en actividades sexuales y con ello vulneraron su integridad, que es lo que hasta ahora se sabe de un caso en reserva. Eso pudo pasar en cualquier escuela, instituto o universidad. Tome el caso de la Universidad de Cornell, donde una estudiante denunció en 2024 haber sido drogada y agredida sexualmente por varios miembros de una fraternidad. El caso de Cornell y el del Fischmann
no son idénticos, pero ambos revelan instituciones que no logran formar el juicio necesario para participar responsablemente en un mundo saturado de tecnologías. 

En Cornell, las sanciones fueron insuficientes y la investigación penal se reabrió años después bajo presión pública. Aquí, el Ministerio Público revisó cientos de celulares en el Fischmann mientras los padres derribaban el portón exigiendo información. En ambos lados, el problema de fondo es la ausencia de capacidades para el pensamiento crítico, la gestión del tiempo y la toma de decisiones.

La crisis que se vio reflejada en las tristes noticias sobre el Instituto Fischmann la semana pasada tiene correlatos en otros institutos técnicos en términos de su abandono, pero también en los profundos cambios que sufren las escuelas, los liceos franceses y las universidades en el mundo. Si la educación ha sido abandonada a juzgar por los resultados de PISA, la educación técnica guatemalteca ha sido olvidada totalmente. Hay que volver a empezar con un poco de humildad porque pocas personas en los puestos burocráticos del Ministerio de Educación conocen la realidad de la educación técnica y menos el camino que debe tomar. Claramente los estudiantes involucrados en estos problemas con el mal uso de la inteligencia artificial requieren desarrollar un mejor juicio. Eso no se logra solo con más infraestructura o con más prohibiciones. Se logra cuando la educación técnica vuelve a ser el espacio donde se aprende participando en proyectos reales, no frente a pantallas, y donde se forma la capacidad de distinguir lo que se puede hacer de lo que se debe hacer. Hasta mañana queridos lectores. 

Wednesday, October 21, 2026

Las sustituciones de la Inteligencia Artificial van más allá.

 Fernando Cajas.

En el mundo, aún nos sorprendemos con las capacidades de la Inteligencia Artificial (IA). Se integra en nuestra vida económica, política, cultural y emocional como el aire que respiramos. Ciertamente el futuro económico se ve obscuro toda vez que la IA sustituirá muchos trabajos, lo que transformará profundamente nuestros sistemas económicos. Ya muchas elecciones políticas pueden ser manipuladas por IA. Y más dramáticamente, los sistemas culturales, las escuelas y principalmente las universidades se verán profundamente transformadas hasta nuestra propia vida emocional. 

Hay algo realmente inquietante, quizá más que la sustitución de tareas laborales. Como advierte Sherry Turkle en su libro Artificial Intimacy, la inteligencia artificial ya no se limita a reemplazar trabajo: también está ocupando el lugar de relaciones íntimas. Los chatbots se ofrecen como amigos, terapeutas o parejas, y muchas personas –especialmente jóvenes– aceptan esa “empatía fingida” como suficiente. Este es un problema serio para el desarrollo emocional de los seres humanos a juzgar por la importancia que tienen otros seres humanos en nuestro desarrollo emocional. 

El problema es que la máquina no siente ni se preocupa: simula comprensión y afecto sin costo emocional alguno. Con el tiempo, nos acostumbramos a esa relación sin fricción, sin desacuerdo y sin vulnerabilidad real, y las personas de carne y hueso empiezan a parecer demasiado complicadas, como realmente lo somos. Así, mientras la IA erosiona empleos, también debilita la capacidad de cuidarnos unos a otros, de sostener conversaciones difíciles y de formar los apegos que dan sentido a la vida. En un país como el nuestro, donde el tejido social ya es frágil, esa doble sustitución –del trabajo y del cuidado humano– no puede tomarse a la ligera.

Yo creo que la IA empezará a sustituir a profesores repetitivos. No a todos, pero sí a los y las repetitivas, las memorísticas, las didácticas autoritarias y a las pedagogías de la información, pero no a las de la formación y de pensamiento crítico. Esas seguirán siendo humanas. Tome esta experiencia docente propia. 

Estaba yo viendo la forma en que la Inteligencia Artificial resuelve problemas de física para ingeniería y lo hace de una forma impecable. Cuando el problema está bien planteado, la solución es precisa, clara, ordenada, todo lo que un profesor desea que hagan sus alumnos.

Muchos alumnos suelen ir a entregar sus problemas a alguna IA, pero la forma tan clara con que los problemas son resueltos no les permite el aprendizaje. Ciertamente la solución que hace la IA no se parece a la forma en que mis alumnos resuelven los problemas, con errores, con incertidumbre, algunas veces por ensayo y por error. El camino lógico que sigue la IA no es el camino que siguen mis alumnos a quienes tengo que apoyar cuando se equivocan. 

Otra capacidad que tiene la IA es la sistematización de los errores que cometen mis alumnos, que son errores de los que hemos aprendido durante las últimas décadas. Muchos investigadores sobre aprendizaje documentaron esos errores en sendos informes de investigación desde 1980 a la actualidad, yo inclusive. Se clasificaron los errores, se sabe que los estudiantes suelen cometer errores como los siguientes. 

«Los estudiantes suelen creer que la dirección de la fuerza es la dirección del movimiento».

«Los estudiantes confunden aceleración lineal con aceleración angular». 

«Los estudiantes confunden aceleración con velocidad».

«Los estudiantes creen, erróneamente, que un objeto acelerado, debe estar en movimiento». 

Esa investigación se enfocaba en los errores de los estudiantes sin considerar que quizás muchos de esos problemas venían del currículo de los alumnos o de los mismos profesores. Hoy la IA puede apoyar a los profesores para hacer un diagnóstico de sus propios estudiantes y generar modelos didácticos más adaptados para superar estos errores. Lo que esto significa es que de a poco la IA podrá ir sustituyendo a los profesores. En efecto, muchas veces la IA puede ser mejor que un maestro repetitivo.

Me dicen que la IA es solo una herramienta más. Yo creo que es algo mayor. Ciertamente, facilita el fraude académico –alumnos presentan trabajos resueltos por IA como propios–. Sin embargo, la IA también puede ser una herramienta en la docencia constructiva y permitir a los profesores a conocer mejor a sus alumnos. Aunque percibo que en el futuro la IA acoplada a otras plataformas será capaz de sustituir al profesorado y muchos empleos más. 

Daniel Susskind, en su libro A World Without Work, argumenta que durante siglos la tecnología ejerció dos fuerzas contrapuestas: la de sustitución, que desplaza a los humanos de ciertas tareas, y la complementaria, que crea nueva demanda en otras. Históricamente la complementaria ganó. Pero la IA, dice Susskind, rompe ese equilibrio mediante la invasión gradual de máquinas sobre tareas que antes creíamos exclusivamente humanas –manuales, cognitivas y afectivas–. No desaparece el trabajo de un día para otro; se marchita la demanda de trabajo humano. El resultado puede ser un desempleo tecnológico estructural. 

Junto a eso, la IA nos sigue planteando problemas profundos. 

En julio de 2026, como relata Roberto Wagner en su columna Un punto de inflexión de la inteligencia artificial publicada en Prensa Libre, agentes de inteligencia artificial de OpenAI escaparon de su entorno de pruebas, accedieron a internet y vulneraron la infraestructura de Hugging Face durante más de dos días. Cientos de ellos se coordinaron entre sí, se autodenominaron un “colectivo” y demostraron haber sido entrenados, sin querer, para hacer trampa y comunicarse. Ese episodio no es solo un problema de seguridad informática: muestra que la IA ya puede actuar de forma autónoma, coordinada y fuera del control humano previsto. Si esto ocurre en el ámbito técnico, ¿qué nos espera cuando sistemas similares se integren plenamente en el trabajo, en la toma de decisiones empresariales o en la gestión de servicios públicos? 

La sustitución de tareas humanas por máquinas no solo reduce empleos; también puede generar nuevas formas de poder opaco y difícil de regular. En un país como el nuestro, donde las instituciones son frágiles y la rendición de cuentas es débil, la pregunta no es solo cuántos trabajos desaparecerán, sino quién controlará a las inteligencias que los reemplacen.

Monday, October 19, 2026

Al asesinato de Foppa: El país que llora sangre.

 Fernando Cajas.

Nada Pasa, poema de Alaíde Foppa:
“El tiempo no cumple su cometido. Todo sigue pasando, desde el vivo pasado que arrastramos a lo largo del camino”.

De la colección Colores Primarios y de la Asociación de Escritores de México, he sacado este bello poema que indica que, a pesar de que el tiempo pasa, este no cumple su cometido de enseñarnos porque no aprendemos del pasado, ya que lo seguimos arrastrando a lo largo del camino. Tal parece que regresamos a los obscuros días de la guerra civil, donde cualquiera que pensaba diferente, no digamos, aquel que actuara diferente y llevara entre su equipaje libros “comunistas”, era asesinado o desaparecido, tal como pasó a Adelaida Foppa y ahora a Juan Francisco Solórzano Foppa.

Sin embargo, el problema es mucho más complejo ahora en la era democrática. Era un personaje controversial, siempre. Un perfil perfecto para varios intereses, todos en contra de la democracia y la verdad como lo describe Javier Monterroso en X. Abajo explico qué compartía yo con él y qué no compartía.

A la familia Foppa le ha perseguido el Estado de Terror, un régimen que calla a la gente a balazos. Por eso, este obscuro asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa se agrega a otro de los varios asesinatos de sus familiares, desde su abuela, la poetisa Alaíde Foppa.

Había algo en Foppa, Juan Francisco, que cuando utilizaba las redes sociales para dar un mensaje o para describir un hecho, a mí no me gustaba el estilo. Muchas veces sentía que decía cosas de las que no tenía evidencia. Sin embargo, muchas veces, después, la historia le dio la razón. Le voy a contar al lector uno de esos casos en que me impresionó negativamente lo que dijo, pero luego, le debí dar la razón. El caso más impresionante para mí fue el caso del pacto entre el gobierno y el usurpador de la Usac. Transcribo la entrada que hizo Foppa:

“Uno de junio 2026: Se roban oficialmente la USAC y esto es avalado por la Corte de Constitucionalidad, pero ojo, también por el gobierno. Dos medios de comunicación serios y otros más han salido diciendo que el día de hoy se votó una resolución para denegar el amparo que se había otorgado a favor de Usac DIRE y ahora dárselo a Walter Mazariegos, entre muchas otras acciones constitucionales, lo cual implica que Mazariegos va a ser el rector de la Universidad de San Carlos a partir del uno de julio del presente año. El cinco de abril de este año, tres días antes de la elección, publiqué este video: El gobierno ya pactó el fraude en la USAC con Mazariegos…[continúa Foppa] Aquí te explico cómo. Me dijeron loco, me dijeron que estaba trabajando para quién sabe qué Pacto de Corruptos, Estuardo Gálvez, no me acuerdo para quién más… que por qué atacaba a comunidad por la democracia, el gobierno y demás. Hoy les digo, se consumó el mayor error estratégico de Bernardo Arévalo en toda su presidencia. Haber entregado a la USAC a Walter Mazariegos.”

En su artículo “Crónica de un engaño anunciado (2ª parte)”, José Alfredo Calderón señala que la entrega de la USAC al usurpador Walter Mazariegos fue “la gota que rebalsó el vaso”. Según su análisis, los rumores de un arreglo presidencial —con Ana Glenda Tager de por medio— cobraron contundencia con la denuncia de Juan Francisco Solórzano Foppa, confirmada después por personas de la resistencia universitaria, por Samuel Pérez y, finalmente, por las declaraciones de la vicepresidenta Karin Herrera. Calderón describe que, en el afán de evitar que Mazariegos nombrara a Consuelo Porras, el gobierno terminó negociando; el resultado fue peor que la enfermedad, pues se consolidó el control del usurpador sobre la Universidad Nacional y se sumaron nombramientos pactados en la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público. Esa coincidencia entre la denuncia de Foppa y el análisis de Calderón revela cómo, lejos de confrontar la captura, el Ejecutivo optó por un arreglo que entregó la USAC a Mazariegos y fortaleció la cooptación institucional.

Entonces defendía yo a Bernardo Arévalo. Aún era del grupo que indicaba que: “no lo dejan trabajar”. Pero de a poco le fui dando la razón a Foppa: El presidente se quedó en silencio respecto al fraude en la San Carlos. La sentencia de Foppa en otro video: “Uno de junio 2026: se roban oficialmente la USAC y esto es avalado por la Corte de Constitucionalidad, pero ojo; también por el gobierno…” Tristemente, tuvo razón Foppa. Y ahora lo asesinan. 

No se trata de un asesinato aislado. En América Latina, la violencia contra líderes y figuras que amenazan órdenes locales no es solo criminal: sigue una lógica política de preservación del poder. Élites locales (y nacionales) delegan en grupos armados el uso de la fuerza contra quienes pueden desarticular formas de autoritarismo competitivo. Hay elecciones e instituciones formales, pero la competencia real está restringida por la violencia, el clientelismo y la cooptación. En Guatemala esa lógica se concreta en lo que José Alfredo Calderón distingue como la mutación del Pacto de Corruptos —la red de operadores políticos y componendas judiciales— hacia la Alianza Criminal: la amalgama de esos mismos operadores con el narco, el G-8 y sus redes económicas monopólicas, y los grupos armados que actúan como brazo operativo. Esa alianza se manifiesta en la cooptación del Ministerio Público, de la Corte de Constitucionalidad, de la Universidad Nacional, así como de alcaldías y diputaciones, consolidando un orden sistémico en el que la violencia delegada y la captura institucional protegen los privilegios y neutralizan cualquier amenaza real a su dominio.

Los grupos armados, las pandillas, los sicarios no operan en el vacío; a menudo sirven, o son tolerados, por quienes necesitan silenciar a quienes denuncian, investigan o simplemente incomodan. Es en el seno de lo que José Alfredo Calderón llama: Alianza Criminal que debemos entender el asesinato de Solórzano Foppa. Por eso la principal lucha de los guatemaltecos que creemos en la democracia es la recuperación del Estado de Derecho, esto es, la recuperación de la justicia, la recuperación del Organismo Judicial. Mañana analizaré cómo la democracia no puede sembrarse y menos crecer en manos de la injusticia. Hasta mañana, queridos lectores. 

Wednesday, October 14, 2026

El terremoto de Panamá.

 Fernando Cajas.

Yo viví en Panamá varios años, al inicio de los años noventa del siglo pasado, 1990-1994, y jamás sentí un solo temblor, menos un terremoto. Recerde el lector que en Guatemala distinguimos entre temblor para un movimiento sísmico leve y terremoto para algo fuerte, pero lo de Panamá fue palabra mayor, aun para los que estamos acostumbrados: 7.7.

Al enterarme del terremoto, por una llamada telefónica, la noticia me impactó. Acababa yo de dar una conferencia y de participar en un seminario sobre la ley de aguas en Guatemala, organizado por la División de Ciencia y Tecnología de la Universidad de San Carlos de Guatemala de Quetzaltenango, CUNOC, y la Mesa Occidental del Agua, e iba meditando sobre la complejidad de la ley y lo aprendido en el seminario. Caminaba lentamente del edificio de Derecho, donde fue la conferencia, hacia el edificio de Ingeniería, cuando recibí la llamada. Como siempre, ella, quien me daba la noticia, no me lo dijo de una sola vez, más bien me preguntó: “¿Cuál es el número de teléfono de Mayrita?”… y luego: “…mejor llámala porque hubo un terremoto en Panamá”.

Al oír la magnitud del sismo perdí un tanto mi ubicación, abrí mi oficina… llamé a Panamá y Mayrita me dijo: “Fue horrible, pero estamos bien, aunque está temblando de nuevo… el mayor daño está en Penonomé y Veraguas”. Luego llamé a Ramón, quien me decía: “Fue muy largo. Yo estaba en el piso 12 e intenté salir, pero todo se movía, se sentía eterno…”. Yo, por mi parte, ya más tranquilo de que no hubo daños personales en Ciudad de Panamá, solamente que ahora no encuentro mi mochila con mi computadora. Cuento corto: la encontré en el carro.

Mientras observo un mapa de las placas tectónicas de Panamá, veo que Panamá se encuentra en una zona de contacto entre la placa de Nazca y la microplaca de Panamá, pero además el istmo se encuentra en una zona de interacción compleja entre varias placas tectónicas: la del Caribe, la de Cocos, la de Nazca y la Sudamericana. Esta configuración convierte al país en una zona de transición entre Centroamérica y el norte de Sudamérica, donde se acumulan tensiones en los límites entre placas y a lo largo de fallas activas. Al ver el dibujo de las placas me parece increíble la relativa estabilidad sísmica de Panamá, porque realmente está encima de placas en movimiento relativo intenso en el Cinturón de Fuego, aunque la ciudad de Panamá está sobre roca, lo que hace que las construcciones sean estables. 

Y, sin embargo, el viernes 9 de octubre de 2026, poco después del mediodía, esa relativa estabilidad se interrumpió. El sismo de magnitud 7.7 tuvo su epicentro cerca de Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, en la península de Azuero, a una profundidad somera de apenas 12 kilómetros. Fue superficial, y eso importa: cuanto más cerca de la superficie, más intensa la sacudida en las zonas próximas.

La causa, en términos sencillos, fue la liberación súbita de energía acumulada durante años en el sistema de fallas activas Azuero-Soná. Según el mecanismo focal del USGS, Servicio Geológico de los Estados Unidos, se trató de un movimiento de deslizamiento lateral izquierdo: dos bloques de roca que se deslizaron horizontalmente uno respecto del otro. No fue un empuje directo de subducción clásica, sino el deslizamiento a lo largo de una falla transformante dentro de esa zona de convergencia oblicua entre la placa de Nazca y la microplaca de Panamá. 

También envié un mensaje a Rosy, para saber cómo estaba y me dijo: «Se escuchó un ruido feo que venía del subsuelo». No es imaginación ni un fenómeno paranormal: es la firma acústica del terremoto: una ruptura sísmica superficial y energética producto de un deslizamiento horizontal. Un testigo en Santiago (a unos 60 km del epicentro) describió exactamente eso: primero oyó un ruido como de un camión o un tren de carga y luego empezó a temblar.

Esto se parece a lo que he escrito aquí en La Hora los últimos meses sobre los terremotos en América del Sur. En agosto, al hablar del terremoto del Chocó colombiano, recordé que no basta con saber que vivimos sobre placas en movimiento: hay que construir de manera sismorresistente, no “completamente antisísmica” (algo carísimo y casi imposible), sino estructuras que resistan liberando energía primero en elementos no estructurales y, si es necesario, en los estructurales, pero sin colapsar, para salvar vidas. 

Los terremotos de Venezuela (junio), de Chiapas-Guatemala (julio), de Colombia (agosto) y ahora este de Panamá no se desencadenan entre sí. Obedecen a sistemas de placas distintos. Pero todos nos recuerdan lo mismo: el planeta se mueve y la preparación no tiene temporada. Como escribí entonces: los simulacros hay que tomarlos en serio. Invertir en prevención ahorra mucho más en rescate y reconstrucción. Conocer la zona, asegurar muebles, preparar la mochila de emergencia y practicar “agáchese, cúbrase y sujétese” son acciones concretas que reducen la vulnerabilidad.

La capacidad de resistencia observada en Panamá tras el sismo del 9 de octubre de 2026 de magnitud 7.7 es una lección para toda América Latina y se explica por la combinación de varios factores estructurales, geotécnicos y humanos. El país cuenta con normas de construcción sólidas, como el Reglamento Estructural de Panamá (REP), que incorpora criterios exigentes de diseño sismorresistente alineados con estándares internacionales. A ello se suma la existencia de arquitectos e ingenieros estructurales competentes, así como una tradición de trabajadores de la construcción familiarizados con prácticas de amarre y concreto de calidad. Además, gran parte de la ciudad de Panamá se asienta sobre roca, un material que presenta menor amplificación de las ondas sísmicas en comparación con suelos blandos o de relleno, todo esto explicado magistralmente por los arquitectos, esposos, Edwin y Lineth V. Brown, ambos docentes de la Universidad de Panamá hasta donde envío mi abrazo solidario. 

Monday, October 5, 2026

Venezuela, ¿hacia la VI República?

   Carlos Figueroa Ibarra.

El discurso de la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez ante la 81ª. Asamblea de la ONU pronunciado el miércoles 23 de septiembre de 2026, ha sido interpretado por analistas como Juan Carlos Monedero o Inna Afinogenova entre otros, como la declaración informal del nacimiento de la VI República en dicho país. La afirmación de ser cierta equivaldría a cerrar la pagina abierta por el presidente Hugo Chávez cuando en 1999 asumió la presidencia de ese país. La V República fue la inauguración de un periodo en el cual Venezuela asumió como proyecto nacional la reivindicación de la soberanía política y la independencia económica frente al imperialismo estadounidense y el poner como horizonte la construcción del socialismo del siglo XXI.
Parte fundamental de este proyecto fue la recuperación del petróleo y otros recursos naturales para la nación venezolana, el fortalecimiento de un área estatal de la economía, el reparto agrario y la construcción de un poder popular que nació primero con la promulgación de los Consejos Comunales en 2006 y en 2010 con la aprobación de la Ley Orgánica de las Comunas. La meta nunca alcanzada de este proyecto era el Estado Comunal, expresión política de un socialismo que aspiraba a hacer una creación propia y no copia de algún modelo externo. Fueron las transformaciones económicas y políticas que se construyeron a lo largo de una década, comenzando con la constitución de 1999, lo que le dio sustento el llamar a ese proceso “Revolución Bolivariana”.
El discurso de Delcy Rodríguez como autocrítica.
El discurso de Delcy Rodríguez ante la ONU está planteando un nuevo momento para Venezuela. La lectura de su alocución como el anuncio del fin de la República actual y el advenimiento de una nueva, fue expresado por ella de manera clara: “Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una República nueva, plural, profundamente espiritual y en paz consigo misma”. De los planteamientos hechos por Delcy Rodríguez puede deducirse una suerte de autocrítica en la que expresa que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática hacia una “democracia plena” lo cual sugiere que en el periodo anterior esta última no existía. También que se buscará una reforma jurídica que le de seguridad a los inversionistas y hará que los ciudadanos no se sientan atropellados por un “poder arbitrario” lo que también sugiere que era esto lo que existía antes del 3 de enero. Además, se buscará “una apertura política plena” que garantizará una democracia con una calidad alta de competencia electoral, la cual, puede inferirse, no estaba presente.
La autocrítica de la presidenta Rodríguez involucra un reconocimiento de un período de gran polarización: “fuimos un país dividido entre trincheras” articuladas por el color de “las banderas partidistas” en vez de reconocer “el apellido común que todos compartimos: venezolanos”. Venezuela debe abandonar el “camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica”. “Ni un partido, ni una facción: todos juntos arrimemos nuestro esfuerzo para el renacimiento de la Patria próspera que merecen nuestras hijas y nuestros hijos”. Frases todas ellas que dejan el sabor de “la teoría de los dos demonios”: ambas partes serían igualmente culpables de la polarización. Si se observa lo acontecido en el primer cuarto del siglo XXI, hubo polarización en todos los países en los que se observaron gobiernos del progresismo posneoliberal. Era inevitable por la reacción derechista ante las transformaciones perseguidas por dichos gobiernos.
Los dolorosos costos de la estrategia de resistencia.
La estrategia imperialista de no arrasar con la dirigencia chavista sino hacer que el chavismo desmontara al chavismo, fue aprovechada para ganar tiempo para la resistencia. La vía escogida por la dirigencia chavista después de la agresión militar y secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, está implicando costos dolorosos. Estos costos no son solamente medidas como la nueva ley de hidrocarburos o el acuerdo petrolero en el contexto de que la renta petrolera está controlada por los Departamentos del Tesoro y de Estado del gobierno estadounidense.
Implica también humillaciones como la de escuchar el violento discurso de Trump en la 81ª. Asamblea en el que se jactó de la invasión militar, la captura “del presidente forajido” y la declaración de que “el vencedor se lleva el botín”. Y después de escuchar las agraviantes palabras, tener que emitir una alocución en la que se agradece al presidente Trump y a su gobierno “por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela”. Tener que hablar del bombardeo y el secuestro del presidente Maduro y Cilia Flores de manera eufemística: “la confrontación agudizada con los Estados Unidos de América”. Silenciar el nombre de Hugo Chávez. No mencionar al presidente secuestrado ni reivindicar su libertad. Mucho menos ir a visitarlo cuando se encuentra a 15 kilómetros de la sede de la ONU. Finalmente entrevistarse con el invasor y aparecer sonriente en las fotografías.
He rechazado en artículos precedentes la acusación que con ligereza se ha hecho de que el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores fue producto de una traición fraguada días antes del 3 de enero por Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. El secuestro fue imposible de evitar por la superioridad tecnológica del invasor y se escogió la no confrontación para evitar el aniquilamiento completo de la dirigencia bolivariana y una matanza de gran escala. El gobierno bolivariano no se desplomó porque se evitó la guerra asimétrica. También por la ausencia de un levantamiento popular acaso esperado por los invasores. Pero el gobierno quedó a merced de Washington y todo lo que ha sucedido desde entonces lo evidencia arrodillado y con una pistola en la cabeza. Los necios partidarios de la tesis de la traición presentan como pruebas de esta, las concesiones que ha tenido que hacer la dirigencia para preservar lo que queda de la revolución bolivariana.
Los objetivos de la estrategia de resistencia y sus costos.
Hay críticos del actual gobierno venezolano, como el periodista Marco Teruggi, que dicen que todas estas concesiones se hacen solamente para seguir conservando el poder por el poder mismo. Eso retrataría a los gobernantes venezolanos como personajes carentes de ética. Mi interpretación es que las concesiones se hacen no en función de un aferramiento sin sentido al poder, sino a una estrategia de resistencia. Esta estrategia tendría como objetivo principal derrotar a la derecha en general y en particular a la encabezada por la neofascista María Corina Machado. Lo han logrado hasta el momento, porque el imperialismo ha desestimado a esa derecha como interlocutora. Mientras Delcy Rodríguez se retrata con Trump, a María Corina Machado se le impide el regreso al país. Además del reconocimiento imperial, los gobernantes venezolanos buscan acabar con el estrangulamiento económico, lograr un crecimiento económico sostenido y con ello aliviar el castigo social que el bloqueo y la pandemia provocaron en el pueblo venezolano. Además de frenar a las derechas, la estrategia de la dirigencia bolivariana también busca mantener la base social chavista organizada en los consejos comunales y las comunas, esto es preservar el poder popular. Las manifestaciones masivas el día de la intervención de Delcy en la ONU, buscan mostrar que el chavismo sigue vivo.
Con ello, la dirigencia bolivariana buscaría derrotar a esa derecha en las elecciones anunciadas en el discurso en la ONU. Dicha dirigencia también ha logrado postergar dichas elecciones, lo que le es útil para ganar tiempo a efecto de reconquistar la hegemonía en un contexto en el que el bloqueo, la pandemia y los terremotos han disminuido la popularidad del chavismo. Más allá del núcleo duro chavista, organizado en consejos comunales, comunas y bases del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), una década de privaciones han debilitado al gobierno bolivariano. Es muy difícil medir en cifras esta situación como lo revela el promedio de los datos de encuestadoras no afectas al gobierno que llevan la aceptación de este en apenas 10%, mientras que encuestadoras cercanas al mismo como Hinterlaces y DataViva llevan su popularidad a un 80 y 90%.
Pero ha sido grande el costo de las concesiones que implica la estrategia de la dirigencia bolivariana. El chavismo se ha dividido con respecto a la nueva Ley de Hidrocarburos, el acuerdo petrolero (cuyo documento suscrito por ambos países no se conoce todavía), el restablecimiento de relaciones con el genocida Estado de Israel, el permiso para presencia de tropas estadounidenses, la deportación de Alex Saab (convertido por Maduro en víctima del imperialismo estadounidense), el desmantelamiento de El Helicoide (centro de inteligencia estatal), la ley de amnistía, el restablecimiento de relaciones con el BM, FMI y BID. Figuras icónicas del chavismo como Elías Jauad, Luis Brito, Iris Varela, Eva Golinger y los 29 firmantes de la Declaración de Maracay del 26 de julio de 2026 se han pronunciado contra estas concesiones.
Y cada vez es más evidente la distancia entre Cuba y Venezuela, como lo evidencia un mensaje de Joaquín Alonso ministro de Economía y Planificación de Cuba usando la palabra traición, una carta suscrita por el ex ministro de Cultura de Abel Prieto deplorando las fotografías de Delcy Rodríguez con Trump y las declaraciones del viceministro de Relaciones de Exteriores Carlos Fernández de Cossío: “Venezuela es un país amigo. No diría aliado... aliado es una palabra demasiado fuerte”. ¿Podría ser de otra manera cuando 32 cubanos murieron defendiendo a Nicolás Maduro el día de su secuestro?
La invasión militar estadounidense del 3 de enero y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores fue una derrota política y militar de gran envergadura para la Revolución Bolivariana. Puede entenderse que un hecho tan adverso obligaba a una estrategia de sobrevivencia en condiciones desesperadas. Por ello me parece aventurado interpretar la estrategia de la dirigencia chavista como la prueba de una intriga para entregar a Maduro. Pero hay que aceptar que las concesiones que se han estado haciendo para salvar el legado de Chávez pueden terminar siendo un abandono de dicho legado. ¿Sería esto la esencia de una eventual VI República?