Saturday, March 14, 2026

Las tareas escolares como medio de represión o ignorancia.

 Fernando Cajas.


Recuerdo con alegría mis años de infancia, tanto en la escuela primaria como en la secundaria. El aprendizaje escolar se daba en la escuela, donde los maestros desarrollaban sus actividades. Para entonces dominaba una pedagogía relativamente conductista donde aprender era repetir y enseñar era hablar. Ciertamente la memorización jugaba un papel primario, pero también el entendimiento cognitivo. Pero lo que más recuerdo son los juegos, los recreos, el partido de fútbol, el grupo de teatro de la primaria cuando copiábamos la historia de Taco y Enchilada, unos cómicos guatemaltecos de la época que imitábamos a pie de la letra.

De los maestros que con más cariño recuerdo, eran aquellos que con vocación le daban seguimiento al aprendizaje de entonces, aprendizaje conductista.

Ciertamente la escuela de entonces, 1970, tenía muchas cosas que mejorar y no había llegado el movimiento constructivista que miraba al aprendizaje como una construcción social. Pero la escuela de entonces respetaba la relación Escuela-Familia, toda vez que ya fuera de la escuela el tiempo era para jugar con los amigos del barrio. Mamá iba de vez en cuando a la escuela, a una que otra sesión, quizá una vez al año y las tareas escolares existían, pero eran limitadas, no nos quitaban el tiempo del juego, el tiempo de alegría. Las tareas escolares no nos quitaban el derecho a jugar como niños. Eran tareas moderadas, ni siquiera eran diarias.

Esta no es una reflexión que se basa en que todo lo pasado fue mejor. No. Durante las últimas tres décadas las ciencias del aprendizaje han tenido enormes progresos. Por fin «rompimos la tapa de los sesos» para salir de la aburrida pesadilla del conductismo. Hemos aprendido a entender cómo aprenden las personas como bien lo resume el libro How People Learn de NRC, Consejo Nacional de Ciencias de Estados Unidos por sus siglas en inglés, también disponible en castellano. Este texto resume cómo el aprendizaje cambió de especulación a ciencia.

A pesar de los avances científicos y técnicos, ser maestro lleva una profunda vocación, un interés y un amor especial a los alumnos que nunca la tecnología podrá sustituir, vocación que ha venido a ser reemplazada por especulaciones y autoritarismos dañinos.

Una de esas especulaciones es atiborrar a los estudiantes de tareas, insensatas, inoperantes, que nunca fueron entendidas epistemológicamente y jamás fueron adaptadas psicológicamente. O sea, la escuela actual se ha tomado el derecho de interferir en la vida familiar llenando a los estudiantes de libros de texto, cargando libros como si fuera un castigo. La filosofía dominante es cubrir contenido tras contenidos, sin razón ni sentido, violando principios elementales de las nuevas reformas educativas como la de alfabetización científica de la Asociación Americana para el Avances de la Ciencia, AAAS, donde yo trabajé un par de años.

Dentro de los principios que guiaban la reforma de Alfabetización Científica de la AAAS, esto es el aprendizaje de la ciencia, la matemática, la tecnología y la ingeniería escolar, se encuentran los siguientes:

Aprender no es necesariamente un resultado de enseñar
Lo que los estudiantes aprenden recibe la influencia de sus ideas preexistentes
El avance en el aprendizaje va generalmente de lo concreto a lo abstracto
Las personas aprenden a hacer bien solamente aquello que practican
El aprendizaje efectivo de los alumnos requiere retroalimentación
Concentrarse en reunir y utilizar la evidencia.

Estos principios genéricos pueden utilizarse para construir ambientes escolares para razonar, para desarrollar el pensamiento crítico y no solamente para cubrir contenido de forma ciega e irresponsable. Cuando la escuela toma el control total de la familia, cuando la escuela genera tareas escolares insensatas capaces de quitarles totalmente a los alumnos la alegría de aprender, entonces son una fábrica de estupideces donde no se aprende lo más elemental: A leer y entender o a sumar, restar, multiplicar y dividir y menos a tener pensamiento crítico.

Los resultados de las pruebas de lectura y de matemática de los graduados guatemaltecos son los siguientes. En lectura apenas el 30% demuestran capacidades de que entienden lo que leen. En matemática ni el 15% pasan un examen elemental de aritmética. Eso es el resultado de escuelas autoritarias que no utilizan para nada las ciencias del aprendizaje, que no forman a los docentes a través de lo que la ciencia dice sobre cómo aprenden las personas y terminan haciendo un trabajo no solamente empírico sino también impertinente llenando a los estudiantes de contenidos irrelevantes y quitándoles la alegría de aprender y el derecho de jugar y de ser niños y niñas. Detengamos esta barbarie haciendo que el Currículo Nacional Base cubra menos con mayor profundidad y contenga prácticas pertinentes para la vida de los y las estudiantes.

Ciertamente el país tiene escuelas que no utilizan las tareas como medio de represión. Ciertamente hay escuelas que propician el pensamiento crítico como lo muestra que un 30% de graduandos entienden lo que leen. Pero ¿y el 70% restante?

Ciertamente el país tiene escuelas donde los niños aprenden matemática y lo hacen críticamente como lo muestra el 15% de graduandos que saben matemática elemental. Pero, y el 85% que no sabe aritmética qué.



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