Wednesday, December 31, 2025

El amor y la familia: Despidiendo el 2025.

 Fernando Cajas.


Me encanta ver a las familias caminar juntos, las familias en todos sus formatos, ya sea la madre sola que cuida a sus hijos, el padre solo con sus hijos o ambos juntos en el cuidado de sus pequeños y grandes o las familias no tradicionales cuyos géneros no importan. Acaba de entrar un papá con sus tres hijos, un pequeño de unos 10 años, otro adolescente de 16 a quien le cuesta caminar, por lo que me recuerda aquella enfermedad que azotó a Guatemala el siglo pasado: polio y el hijo mayor de unos 20. Es hermosa la convivencia, aunque rápidamente es interrumpida por los teléfonos celulares de todos ellos.

Mientras tomo mi primer café matutino a la orilla del Río Dulce, en uno de los hoteles que se ubica en la parte baja del puente del Río Dulce, un puente cuya estructura es una viga larga de casi un kilómetro de longitud que cruza a la intersección Río Dulce y lago de Izabal, pienso en la diversidad de familias de la modernidad. Reflexiono acerca de mis columnas a los distintos tipos de amores, desde el más reciente sobre los regalos de Navidad: Amor y obsequios, luego la cadena de columnas del amor en relación con nuestras cotidianas realidades: Amor y vejez temprana, Cuando uno enferma, Primero amate a ti mismo, Ay el amor cosa tan rara, El amor ágape, El amor racional, Amor y compromiso, El amor no es unión: Es intersección, entre varios del año 2025, que termina hoy.

En todos estos hay una posición común: El amor en cualquiera de sus formas es una práctica social y, por lo tanto, es una actividad orientada, capaz de aprenderse y mejorarse. Esta es una posición diferente del amor romántico ciego, el de las películas de Hollywood, el que confunde amar con poseer. Mis primeras columnas intentaron diferenciar amor de deseo. Ayudado con los aportes del psiquiatra español Iñaki Piñuel, quien literalmente dice en su libro Libertad Zero: «Enamoramiento Zero: Renuncia del enamoramiento romántico y escoge el amor racional a ti mismo», capítulo 7.

Como lo documenta Iñaki Piñuel utilizando su propia práctica y el psicólogo Stephen Mitchell quien describe que la relación entre el amor y el deseo ha sido siempre conflictiva en las relaciones románticas, bueno desde la emergencia del romanticismo. En otras palabras, cuando uno está en primer plano, el otro tiende a permanecer desapercibido. Para Mitchell, tanto el amor como el deseo desempeñan funciones fundamentales, aunque a menudo en competencia, en nuestras vidas. Iñaki es más radical y llama porque nos introduzcamos de lleno al amor racional, al amor a nosotros mismos sin caer en el narcisismo.

El amor romántico, entonces: tiene un espacio equilibrado en la voz del autor del libro ¿Puede el amor durar?, Stephen Mitchell. En ese sentido, el trabajo es no idealizar a la persona amada, no creer que la relación es inmutable, sino más bien entender que el amor entre una pareja requiere trabajo y compromiso y por eso el amor de familia es el amor que mejor refleja para mí el complejo amor de la modernidad. El amor de pareja, entonces, existe, sí hay aceptación mutua a emprender un camino desconocido, a veces racional, a veces no tanto, pero un camino común. Pero el amor de familia cuando se construye se hace a largo plazo, lo que implica la aceptación de la ambigüedad como toda práctica social.

El amor trae consigo el amor a los hijos, el amor a los nietos, el amor a los padres, el amor a la familia en todos sus formatos, sin importar el género ni genética alguna. Ese es el amor que me formó a mí: El amor de mamá, el amor de papá, el amor de hermanos, el amor a primos, el amor a abuelos, el amor al trabajo y a los trabajadores, el amor a los animales, sin importar su «raza», el amor al deporte, el amor a la cultura, el amor a la poesía, el amor a la paz, el amor a los sueños y el respeto a los amigos, ese fue el amor que me hizo. Y como expresó Joan Manuel Serrat en el recibimiento del premio Príncipe de Asturias: «Todo lo bueno que haya en mí, viene de mi origen, de mi familia». Gracias, mamá, gracias, papá.

Tuesday, December 30, 2025

El lago de Izabal: Otro tesoro en peligro.

 

Fernando Cajas.


El viaje comenzó en Quetzaltenango, la eterna Xelajú, la Ciudad de la Estrella, rumbo al nororiente guatemalteco, hacia donde nace el Sol. Dejamos atrás el altiplano, moldeado por antiguos volcanes —como aquel megavolcán quien estalló hace unos ochenta y cuatro mil años, que dio forma a la caldera del lago de Atitlán—, para adentrarnos en una región plana, sin volcanes, que abraza el océano Atlántico a través de Belice y Honduras.

La carretera desde la Ciudad de Guatemala hacia Izabal revela paisajes transformados: minas de materiales de construcción y otras explotaciones que extraen recursos sin que nunca sepamos su impacto completo. Pasamos por El Progreso, colindante con Zacapa, donde emerge el río Motagua, símbolo de nuestra identidad nacional, por tanto recuerdo doloroso, cuando los militares tiraban en sus aguas los cadáveres de quienes querían un mejor país y que ahora se ha convertido en un verdadero drenaje, enviando al bello Atlántico plásticos y basura en todas las formas y tamaños. 

Luego, en Los Amates, recordamos el devastador terremoto de 1976, con más de 23,000 vidas perdidas, desencadenado por la falla Motagua-Polochic, la misma que dio origen a la cuenca del lago de Izabal y su conexión con el Río Dulce.

La teoría de las placas tectónicas, surgida apenas en los años 60, 1967, nos ayuda a entender estos fenómenos: Guatemala se encuentra en el límite de placas, donde la tierra se mueve y crea bellezas como este lago ancho, lleno de vida y una enorme diversidad biológica y cultural. 

El lago de Izabal, el más grande de Guatemala con aproximadamente setecientos kilómetros cuadrados de superficie, es un paraíso de biodiversidad. Sus principales afluentes, los ríos Polochic y Cahabón, lo alimentan antes de desembocar en el Atlántico vía Río Dulce. Alrededor de su cuenca de más de ocho mil kilómetros cuadrados, se extienden unos 20 municipios con comunidades mayas q’eqchi’, garífunas en Livingston y playas que atraen a visitantes. Es hogar del manatí, peces y aves, un ecosistema vital para la pesca y el turismo, un verdadero tesoro para la vida y para el turismo, así como la vida cotidiana de la bella gente que lo habita. 

Sin embargo, este lago sufre el mismo abandono que el lago de Atitlán y el casi destruido lago de Amatitlán. Estudios de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del lago de Izabal y Río Dulce (AMASURLI), entre 2005 y 2014, confirmaron su estado eutrófico: exceso de nutrientes que provocan proliferación de algas y reducción de oxígeno, lo que permanentemente tiene ya el lago de Amatitlán y periódicamente emerge en el lago de Atitlán. 

Las causas de esta eutroficación, exceso de nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo, son múltiples: deforestación para agricultura intensiva (como palma africana y caña de azúcar), descargas de aguas residuales sin tratamiento de parte de comunidades, hoteles y comercios así como la triste contaminación por minería, como la explotación de níquel en El Estor (Proyecto Fénix de CGN), que ha generado derrames de sedimentos y metales pesados, documentados en incidentes como el agua rojiza en años pasados.

Esta es una historia que llora sangre en Guatemala: aprovechamos estos parajes sin responsabilidad colectiva. Aunque hay esfuerzos como campañas de AMASURLI para educación ambiental y monitoreo, falta una regulación estricta que obligue al tratamiento de efluentes y al manejo sostenible.

Hoy, en 2025, el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales lidera el Proceso Nacional del Agua, con una propuesta de Ley de Aguas ya presentada para consulta pública. Esta iniciativa busca priorizar el tratamiento de aguas residuales, el reúso y la protección de cuencas como la de Izabal. Es una oportunidad histórica para fortalecer entidades como AMASURLI, regular impactos de industrias y agricultura, e involucrar a comunidades locales en la gobernanza.

Ya es hora de actuar con seriedad. No solo critiquemos: apoyemos esta ley, exijamos su mejora con voces de pescadores, indígenas y expertos. Salvemos al bello lago de Izabal antes de que sea tarde. Nuestro país no puede seguir perdiendo sus fuentes de agua limpia. Ojalá esta propuesta se convierta en realidad y marque el inicio de una gestión responsable de nuestra agua y ecosistemas. Participemos en la discusión y mejora de la ley de aguas para que lagos como el de Izabal puedan ser rescatados. Hagámoslo ahora guatemaltecos, porque si no es ahora, no será nunca. 



 


Saturday, December 27, 2025

Reflexiones Navideñas: América.

 Fernando Cajas.


Recuerdo la primera vez que viajé a los Estados Unidos, hace décadas ya, y escuché que, al continente americano, América, le llamaban «las américas», un plural que me pareció sino ofensivo sí ignorante. Esa fue mi primera reacción. Cuando regresé años después y estudié en la Universidad Estatal de Michigan, un campus enorme para unos cincuenta mil estudiantes, vi que no era ignorancia. Los profesores y estudiantes también llamaban a mi América las «américas». Es un problema de poder y de ideología. Quien tiene el poder, impone su ideología y eso incluye sus nombres.

Ahora le quieren llamar al Golfo de México, golfo de América, algo que, para nosotros, desde el Río Bravo hasta la Patagonia, nos parece ridículo.

Este continente nuestro tiene miles de millones de años y previamente, en términos generales, existían dos grandes «escudos» continentales: El amazónico y los escudos canadienses. América existía como parte de un supercontinente llamado Pangea, pero hace 200 millones de años Pangea empezó a fragmentarse. Hace unos 150 millones de años, dicen los geólogos, empezó una intensa actividad volcánica en el fondo de lo que ahora es Centro América y con continuo movimiento de las placas tectónicas sobre las que estamos se empezó a formar el istmo centroamericano, de lo que ahora es Guatemala hasta Panamá.

La conexión entre lo que ahora es Sur América y lo que es Norte América la hizo, geológicamente hablando, la emergente Centro América en aproximadamente cien millones de años. La primera vez que vi una modelación de este fenómeno geológico la vi a finales del siglo pasado en una conferencia científica en La Habana. Ahora es una modelación común en internet. Es una modelación que nos deja esa hermosa sensación a los centramericanos de saber de dónde venimos, geológicamente hablando.

Antes de la llegada de los españoles a lo que se terminó llamando América en honor a Américo Vespucio, el navegante que «descubrió», cartográficamente hablando, a América, ya existían cientos de culturas en estos territorios, culturas avanzadas, especialmente los Mayas, los Aztecas y los Incas de los que tenemos más información. No sé cuál debería ser el nombre correcto de nuestro continente. Los norteamericanos terminaron llamándole: América Latina y, por lo tanto, desde su perspectiva somos simplemente «latinos».

Así que cuando pensemos en América o en lo que ahora es llamada América Latina, desde México hasta Argentina, incluyendo el Caribe, debemos saber la larga historia geológica y cultural que tenemos. En estos últimos diez mil años, cuando en estas tierras se «inventó» el maíz, la papa y otros alimentos, donde se probaron diferentes sistemas de manejo del agua, que sí funcionaron y funcionan, desde donde se hizo una astronomía avanzada que es reflejada en los sistemas de construcción de sus grandes templos como lo documenta el investigador mexicano Alberto Camacho en su hermoso libro: Mesoamérica, obsesión con los grandes números. En estas tierras desde donde aún podemos leer el libro sagrado de los Quichés, el Popol Vuh, desde esta tierra nuestra buscamos formas de vivir que respeten más nuestra naturaleza.

Ahora, en estos tumultuosos tiempos, cuando los seres humanos parecen haber avanzado tanto en todo hasta en la capacidad de autodestruirse, debemos voltear nuestra mirada a nuestros hermosos orígenes en este territorio.

Es hora de replantear nuestro estar en el mundo, en especial el mundo nuestro desde el Cabo de Hornos hasta el desierto de Sonora, desde Buenos Aires hasta Durango y sus hermosas noches de frio de diciembre, desde Bahía hasta Quetzaltenango, como dijo el poeta cantor Facundo Cabral, para que entendamos que desde hace miles y miles de años ya en este territorio habían padres educando a sus hijos, preocupados como estamos nosotros actualmente, que habían astrónomos formando a otros astrónomos, que habían ingenieros formando a otros ingenieros, poetas describiendo las mismas noches que miramos hoy porque son las mismas estrellas que observamos hoy.


Tuesday, December 23, 2025

Reflexiones navideñas: Construir la democracia.

 Fernando Cajas.


El editorial de La Hora de este fin de semana nos invita a reflexionar sobre el tipo de sociedad que anhelamos y, en última instancia, quiénes queremos ser como pueblo. Mientras José Luis Benito intenta recuperar sus maletas mal habidas aquellas que Juan Francisco Sandoval descubrió con integridad, sin apropiárselas, el país permanece bajo el control de redes corruptas.

Existe una diferencia abismal entre fiscales como Juan Francisco Sandoval y los de la CICIG, y los actuales; como la hay entre la mayoría de los guatemaltecos honestos y aquellos que han saqueado la cosa pública. Esta es la reflexión esencial en estas fechas: ¿deseamos un país donde prevalezca la honestidad, donde se castigue a los ladrones y corruptos, y donde la justicia no sea un instrumento al servicio de los poderosos?

El descaro con que los corruptos retienen lo robado nos indigna aquí, como en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la democracia —ese gobierno del pueblo y para el pueblo— parece eludirnos, debilitarse. La disfrutamos brevemente durante nuestra primavera democrática de la Revolución de Octubre de 1944, pero desde la intervención extranjera de 1954 y la larga guerra civil, solo hemos conocido simulacros e imitaciones falsas de un sistema verdaderamente democrático.

Con las investigaciones de la CICIG, vislumbramos una luz al final del túnel antidemocrático. Todo convergió para actuar: la brillante Plataforma Nacional para la Reforma del Estado, impulsada por la Universidad de San Carlos, se convirtió en el espacio ideal. Durante meses, en el hermoso Paraninfo, universitarios, grupos indígenas organizados y sectores de la sociedad civil propusimos salidas a la crisis, precisamente cuando Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti enfrentaban la justicia.

Mientras discutíamos reformas profundas, sectores corruptos —guiados por oligarcas influyentes y sus aliados— trazaban un plan meticuloso para recapturar el sistema de justicia, incluyendo la cooptación de instituciones clave como la Universidad Nacional y el Ministerio Público. Se organizaron con precisión, respaldados por académicos financiados, funcionarios e ideólogos, para recuperar el control perdido.

Un sector de la Plataforma advertía que no podíamos avanzar a elecciones bajo una Constitución que perpetuaría la corrupción. Nuestro lema era: «Bajo estas condiciones, no queremos elecciones». Lamentablemente, no prevalecimos, y las elecciones reprodujeron el sistema viciado. Así, perdimos otra oportunidad histórica, y hoy vivimos las consecuencias del plan que, en 2015, llevó a la expulsión ilegal de la CICIG.

Metafóricamente, atravesamos el día de menos luz democrática, como este solsticio de invierno del 21 de diciembre, cuando el hemisferio norte recibe la menor iluminación del año.

Guatemala no es un caso aislado: en muchos países, incluida nuestra región centroamericana, la democracia retrocede ante autoritarismos y privilegios arraigados. El camino para construirla no es sencillo. Comienza en lo local —en el hogar, el barrio, la escuela—, aunque pocos educadores, provenientes de entornos autoritarios, saben fomentarla. Luego, se extiende a lo nacional, pero requiere primero una nación unida. En este «país no país» nuestro, como lo llama Carolina Escobar Sarti, los grandes ricos —heredados o enriquecidos por el robo— defienden privilegios, vendiendo falsas narrativas con todas las herramientas a su alcance, incluso la inteligencia artificial y sus portavoces, para desanimarnos: que la democracia no funciona, que no vale involucrarse en política. Todo eso es mentira. La verdad es que sí se puede —y se debe— construir democracia.

Es hora de edificarla sin miedo, como le decía el príncipe de Zunil, Witizil Sunum, a Tecún Umán: «Arriba Tecún valiente, no temáis al enemigo, recordad que estoy contigo que soy Witizil Sunum».

Friday, December 19, 2025

25 para el 25: La cultura de la lectura.

 Fernando Cajas.


Esta semana, el presidente Bernardo Arévalo viajó al frío clima de Quetzaltenango, la Cuna de la Cultura, a inaugurar el programa «25 para el 25», iniciativa regional que distribuye gratuitamente 2.5 millones de ejemplares de una colección de 27 títulos latinoamericanos, principalmente a jóvenes de 15 a 30 años. El programa nace de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y es impulsado por el Fondo de Cultura Económica, en colaboración con gobiernos, editoriales y organismos de varios países de América Latina.

¡Qué belleza de programa!

Imagine el lector que los jóvenes latinoamericanos tengan acceso gratuito a obras como las de Gabriel García Márquez —Crónica de una muerte anunciada o El coronel no tiene quien le escriba—, joyas del realismo mágico. Esta colección nos ofrece un panorama rico de la literatura de nuestro continente, desde México hasta el sur. Así, el gobierno de Guatemala puede —y debe— tomar esta chispa para enfocarse en nuestros escritores, adaptando el programa y haciendo accesibles sus obras de forma gratuita.

Ojalá tengamos libros de papel de nuestro Nobel Miguel Ángel Asturias, las novelas históricas de José Milla y Vidaurre —maestro comparable al peruano Ricardo Palma en su delicadeza costumbrista, analizado profundamente por nuestro premio nacional Mario Alberto Carrera, columnista de La Hora, fallecido en este frío diciembre de 2025, cuyo legado cultural invaluable merecemos los guatemaltecos de manera gratuita—.

Sería hermoso un programa guatemalteco, dirigido por las ministras de Educación y Cultura, que nos conecte con nuestra cultura viva: voces contemporáneas como Carolina Escobar Sarti y Carmen Matute, y pioneras que abrieron camino en las letras machistas, como Margarita Carrera, Luz Méndez de la Vega y Alaíde Foppa. Ellas nos invitan a reflexionar sobre la Guatemala agresiva que nuestra historia ha construido, y cómo la literatura, la novela y la poesía nos ayudan a entenderla, procesarla y superarla.

La realidad guatemalteca es triste en comprensión lectora: según informes del Ministerio de Educación, en evaluaciones de graduados de secundaria de 2024, solo alrededor del 35% alcanzó niveles satisfactorio y excelente. Es decir, el 65% no lee de manera efectiva. Esto es grave. Debemos mejorar la lectura crítica, dentro y fuera de la escuela.

El «25 para el 25» —con su colección de 27 títulos— debe ser el arranque para replantear la lectura en nuestra cultura. A pesar de esfuerzos como la Filgua, que Raúl Figueroa Sarti ha sostenido por años, en las escuelas debemos basar la enseñanza en investigación científica sobre el aprendizaje de la lectura, dejando atrás métodos empíricos.

Como escribí en mi columna del 2 de julio de 2025: «El libro no existe si no existe una comunidad de lectores, lectores que conozcan las normas de la lectura con la que el libro fue escrito, porque al fin el libro solamente es el medio usado por la escritora o el escritor para trasladar un diálogo pospuesto hasta que aparezca un lector que quiera conversar con él o con ella, el escritor o la escritora». Leer es una práctica social, orientada a fines. Por eso, el programa debe promover grupos y círculos de lectura, dentro y fuera de la escuela, con colaboración entre los ministerios de Educación y Cultura.

Ahora debemos crear nuestro propio programa: el Programa de Lectura Xelajú, para distribuir obras de autores guatemaltecos, hombres y mujeres, replanteando nuestra cultura en toda su diversidad, incluyendo voces indígenas y rurales. Motivemos a escritores a compartir su voz en todo el país, como los poemas de Otto René Castillo —«Vamos patria a caminar»— o la bella prosa del quetzalteco Carlos López Loarca en Acercándose a los dioses o la prosa de Humberto Ak’abal en quiché y español en un ritmo de encuentro de pájaros cantando. 

Me alegra que el presidente Arévalo haya inaugurado esto en Quetzaltenango. Ahora, hagamos un plan concreto: mejorar la lectura crítica con acciones como ayuda financiera, logística y técnica a escritores para imprimir obras; crear círculos de lectores; y empezar quitando impuestos a importación y venta de libros —medida que existió en gobiernos pasados, no precisamente progresistas–.

El camino parece claro, pero es complejo ante la enorme diversidad guatemalteca, donde las escuelas rurales enfrentan abandono y desafíos logísticos. Aun así, hay que hacerlo, como dice Antonio Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar». La práctica social de la lectura requiere inversión, motivación e investigación científica para ser efectiva y pertinente. Salgamos de ese oscuro 65% que no lee críticamente, porque sin lectores no habrá democracia sólida, esa huidiza democracia nuestra. Hagámoslo con urgencia, como cuando bebemos agua fresca o cuando tenemos sed. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Wednesday, December 17, 2025

Amor y obsequios.

 Fernando Cajas.


Es la época de «regalos», pero los regalitos entre el novio y la novia, los regalos entre las parejas del amor romántico llevan cargas cuyas connotaciones leen los amantes entre líneas, aun antes de recibirlos. Obsequiar regalos, presentes, es una forma de construir lazos de amistad, ya sea en forma del amor romántico, del amor ágape, del amor entre hermanos o del amor como simple encuentro entre humanos. Y cómo no, si el amor fue una filosofía introducida por Jesucristo.

Ciertamente fue Jesucristo quien, hace más de dos mil años, cambió la filosofía bíblica al introducir el amor como filosofía de vida. Pablo, previamente Saulo, definía al amor en su primera carta a los cristianos de la ciudad de Corinto así:

«El amor es paciente, es bondadoso. No envidia, no se jacta, no se enoja fácilmente. No guarda rencor, no busca lo suyo, no se irrita. No se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».

Como he descrito en diferentes entradas en esta columna de La Hora, hay muchas formas de amor, pero de todos, el más complejo es el amor entre parejas de la modernidad, de ahora. El amor de ahora se ha permeado por encuentros de segunda mano, porque realmente somos seres de segunda mano: no somos los primeros que nuestras parejas amarán, ni ellas o ellos serán las primeras y únicas parejas que amaremos en la vida.

La modernidad nos trajo otros amores que no imaginamos en la juventud temprana de nuestra vida. Mis padres se casaron y se quedaron juntos hasta que la muerte los separó. Mis abuelos maternos también, y mis abuelos paternos también, aunque la abuela Carmen Cantoral murió muy joven, a sus treinta años de vida, dejando a mi padre en la orfandad, siendo él un niñito de brazos.

Estas tres generaciones de amores —de 1900 a 1940; de 1950 al 2000 y del 2000 a la fecha— han transformado profundamente sus concepciones de amor de pareja. Los regalos que escogieron mis abuelos para mis abuelas fueron otros, con otras motivaciones, otras entregas. Los amores de 1950 al 2000 estaban permeados por lo práctico, lo útil: muchos de los regalos de entonces eran cosas útiles para la cocina o ropa. Ahora ya no. Estamos inmersos en Chanel, artefactos de Gucci o lentes Ray-Ban. El mercado del amor romántico es uno de los mayores del mundo actual, pero el verdadero amor no tiene marcas, no tiene etiquetas, no tiene más que el deseo de agradar al otro o a la otra. Es puro y escaso, como el agua que nace en la montaña verde.

Ahora que viene Navidad y se acerca la época de los regalos para todos —para los que creen y para los que no creemos—, quiero recordar los regalos que más me han gustado. Sabiendo las fallas de mi memoria, quiero recordar aquella bicicleta azul que llegó a mi casa de la Colonia Molina en la bella Xelajú un mes de diciembre de 1968. O aquellos guantes de arquero de 1975, cuando yo jugaba con la selección de fútbol de Quetzaltenango.

También quiero recordar los regalos que he dado y que creo que le gustaron a quienes entonces amaba y aún amo, porque el amor no termina. También recordaré los regalos que no pude dar y sabía que alguien que yo amaba quería. Empiezo con el más importante: el regalo que me pidió mi papá cuando me dijo que dejara de tomar, que dejara ya de destruirme con el alcohol. Ese regalo se lo di, imperfecto como todos mis regalos, pero se lo he dado hoy.

También está el regalo aquel que no pude darle a mamá, cuando me dijo que quería ir a Brasil, a Río de Janeiro. No se pudo, porque la vida se la llevó antes.

La vida está hecha de regalos que damos y que no podemos dar. Demos, demos lo que demos, demos con amor, que es el único lazo verdadero de unión entre humanos.

Monday, December 15, 2025

Competencias versus capacidades escolares: Parte 2.

 Fernando Cajas.


En Guatemala, como en muchos países de Latinoamérica, el lenguaje de las “competencias” se ha instalado en nuestra educación desde hace más de dos décadas. Este enfoque no nació de las aulas ni de los pedagogos locales, sino que llegó impulsado por organismos internacionales de carácter económico: la OCDE, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Estos no son expertos en educación, sino entidades que promueven una visión neoliberal: menos Estado y más mercado como motor del desarrollo.

A diferencia de la UNESCO, que tiene una larga trayectoria en temas educativos, estos organismos han empujado las competencias con un enfoque pragmático, sin un sustento teórico profundo. En el fondo, recuerdan las ideas conductistas del siglo pasado: definir objetivos como conductas observables y medibles, fáciles de evaluar, pero que a menudo dejan de lado el aprendizaje real y profundo.

Un ejemplo claro lo vemos en mi campo, la ingeniería. El proyecto Tuning para América Latina propone como competencia principal: “capacidad de abstracción, análisis y síntesis”. Suena bien, pero ¿qué significa eso para un ingeniero civil que debe diseñar un puente en zona sísmica guatemalteca o un sistema de agua potable en una comunidad rural? Poco o nada, si no se conecta con las prácticas reales de nuestra profesión.

Peor aún es cuando estas competencias generales llegan a la educación básica y diversificado. El Currículo Nacional Base (CNB) de Guatemala exige, por ejemplo, que los estudiantes “construyan patrones aritméticos y geométricos para resolver problemas”. Mientras los niños y jóvenes se pierden en actividades abstractas —muchas veces guiados por maestros que no dominan ni Teoría de Números ni Geometría—, no aprenden lo elemental: sumar, restar, multiplicar y dividir con soltura.

Los números son contundentes y duros: apenas el 10% de los graduados de diversificado resuelve correctamente operaciones aritméticas básicas. El 90% no puede manejar números enteros ni fracciones con seguridad. Esta es la realidad que pagamos por seguir modas educativas importadas.

En Guatemala y en Latinoamérica hemos pasado de objetivos conductuales a cognitivos y ahora a competencias, mientras los grandes perdedores son nuestros niños y jóvenes que no aprenden lo que realmente necesitan para mejorar su vida y la de sus comunidades.

Repetir estas modas no nos sacará de la dependencia tecnológica ni resolverá nuestros problemas sociales. Nuestras facultades de ingeniería siguen formando profesionales que aplican soluciones extranjeras en vez de crear las propias para nuestras realidades.

Sin embargo, el lenguaje de las competencias puede ser útil si lo llenamos de contenido real, conectado con las prácticas sociales de nuestro país. Por ejemplo, en ingeniería podríamos introducir el diseño de soluciones para problemas locales: viviendas antisísmicas accesibles, sistemas de riego eficientes o infraestructura resiliente al cambio climático. Así, los estudiantes experimentarían capacidades auténticas, ancladas en las necesidades guatemaltecas.

Lo mismo vale para la escuela básica: no se trata de volver a un pasado autoritario, sino de aprovechar la investigación actual sobre cómo se aprende matemática, ciencia e ingeniería (lo que se conoce como STEM) así como las nuevas tecnologías de la información, la capacidad actual de modelar en los sistemas escolares y la misma IA para construir capacidades sólidas, modernas y pertinentes.

No necesitamos más discursos vacíos importados. Necesitamos que nuestros educadores, científicos y autoridades se atrevan a definir qué aprendizajes profundos requieren los guatemaltecos para transformar su entorno. En la próxima entrega ofreceré ejemplos concretos de cómo fortalecer el currículo conectando competencias con prácticas sociales reales que mejoren las capacidades de nuestros estudiantes.

La educación guatemalteca debe servir primero a Guatemala. Así que debemos hacerlo ahora, con urgencia, porque si no es ahora, no será nunca.

Friday, December 12, 2025

Competencias versus capacidades escolares: Parte 1.

 Fernando Cajas.


La escuela moderna nació como proyecto político. Horace Mann en Estados Unidos (1860) y Juan José Arévalo en la Guatemala revolucionaria (1945-1954) la concibieron para formar ciudadanos capaces de vivir en democracia. Ese era el bien público.

Al mismo tiempo se esperaba que cada niño adquiriera un capital cultural básico: leer, escribir y hacer cuentas elementales. Ese era el bien privado. A fines del siglo XIX surgió el tercer objetivo: preparar mano de obra para la industria y el comercio. El objetivo económico. Desde entonces la escuela vive en tensión entre tres funciones que no siempre se llevan bien: política, cultural y económica.

Con los años le cargaron más tareas: desayuno escolar, guardería, centro de vacunación, comedor comunitario, refugio contra la violencia. Todo eso es necesario, pero diluyó los objetivos originales hasta casi hacerlos desaparecer.

En 1880 en Estados Unidos o en 1920 en Guatemala el currículo era básico:

  • Historia: lista de fechas y héroes oficiales (casi siempre tergiversada).
  • Matemática: sumar, restar, multiplicar, dividir y fracciones. Nada más.
  • Método: el maestro hablaba, el niño repetía. Si fallaba, recibía golpes.

Era una escuela autoritaria, pero quien terminaba primaria sabía leer un periódico y dar vuelto en el mercado.

Los años 60: los psicólogos rompieron la tapa de los sesos 

Aparece el cognitivismo. El cerebro deja de ser un espejo pasivo y se convierte en un computador que procesa información activamente. El aprendizaje ahora depende de los conceptos previos del estudiante (Joseph Novak, Jerome Bruner). Este giro teórico transformó también los contenidos escolares. Nacen las didácticas específicas y llegan:

  • La Matemática Moderna con teoría de conjuntos.
  • La ciencia organizada como en las universidades.
  • Conceptos como “transposición didáctica” (Yves Chevallard).

Los programas se volvieron más sofisticados y notablemente más difíciles.

¿Sirvió de algo tanta sofisticación? Según el Ministerio de Educación, en 2024 solo el 10% de los graduados de diversificado aprobó el examen de matemática elemental. Nueve de cada diez jóvenes que reciben diploma no saben sumar, restar, multiplicar ni dividir con seguridad, y mucho menos manejar fracciones o porcentajes. Es decir, saben menos aritmética útil menos que los niños de primaria de hace cien años.

En los años 80 y 90, mientras el mundo abrazaba el neoliberalismo (más mercado, más competencia individual), el discurso educativo internacional dio otro giro. Dejó de hablarse de conocimientos sólidos y duraderos y empezó a hablarse de “competencias”.

En la próxima entrega veremos cómo ese lenguaje, impulsado por organismos internacionales, terminó de borrar el rumbo de la escuela guatemalteca y por qué necesitamos volver a hablar de capacidades profundas en lugar de competencias vacías con poco sustento teórico. 

Porque si ni siquiera logramos que un graduado calcule el vuelto o entienda el interés de un préstamo, ¿de qué sirve enseñarle “competencia emprendedora” o “competencia digital”?

(Continuará)


Wednesday, December 10, 2025

Ya no hay ideologías, sólo intereses.

 Fernando Cajas.


El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. Ese día el mundo cambió para siempre. La Guerra Fría comenzó de verdad: una confrontación sin enfrentamientos directos entre las superpotencias, pero con batallas sangrientas en los países periféricos. Dos banderas claras ondeaban entonces: capitalismo, por un lado, comunismo por el otro. 

Guatemala fue uno de los primeros campos de esa guerra sin balas entre Washington y Moscú. La Revolución del 44 intentó romper el sistema cuasi feudal basado en la explotación brutal de comunidades indígenas y campesinas, sobre todo en las fincas de café y banano de la costa sur y el occidente. Los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz impulsaron la modernización del país, la seguridad social, el Código de Trabajo y, sobre todo, la Reforma Agraria. Eso bastó para que la United Fruit Company, los grandes terratenientes y el Departamento de Estado norteamericano nos etiquetaran de “amenaza comunista”. En 1954 la CIA organizó una invasión, creó campañas de desinformación masiva y derrocó a Árbenz. Empezó el acabose.

Le siguieron 36 años de Conflicto Armado Interno, más de 200 mil muertos, 45 mil desaparecidos y un país destrozado. Los militares se hicieron millonarios, sembraron la corrupción como sistema de gobierno y convirtieron la política en un negocio de sangre. Cuando en 1986 llegó Vinicio Cerezo, el primer civil electo en décadas, la democracia fue más fachada que realidad: el ejército seguía mandando desde las sombras y la guerrilla aún combatía en las montañas.

La caída del Muro de Berlín en 1989 dejó huérfanos ideológicos a muchos. Como me dijo una vez Gustavo Búcaro, un colega profesor en el CUNOC: “Fernando, nos quitaron la bandera”. Y tenía razón. El supuesto comunismo real nunca había sido comunista en el sentido marxista original; la Unión Soviética era un régimen autoritario con economía planificada, Cuba quedó a medias, y hoy la China “comunista” es una de las mayores potencias capitalistas del planeta. Las ideologías se desvanecieron. Solo quedaron los intereses.

En Guatemala firmamos la paz en 1996, pero la democracia nunca terminó de nacer. Los gobiernos civiles que vinieron después fueron, en su mayoría, una mezcla grotesca: neoliberales que profundizaron la desigualdad, exguerrilleros convertidos en aliados de genocidas (Portillo y Ríos Montt son el ejemplo más obsceno), y un sistema político capturado por mafias que se turnan el poder.

Lo más cerca que estuvimos de romper el círculo vicioso fue con la CICIG y el Ministerio Público entre 2007 y 2019. Por primera vez se desmantelaron estructuras criminales que operaban dentro del Estado. Por primera vez los intocables fueron a la cárcel. Por eso mismo los dueños de siempre —algunos sectores del Cacif, familias tradicionales, militares enriquecidos y sus operadores políticos— movilizaron todo: mercenarios legales, mercenarios de prensa, mercenarios en el Congreso y en el sistema de justicia. Lograron expulsar a la CICIG y capturar nuevamente las instituciones.

Hoy ya nadie se disfraza de ideología. El Pacto de Corruptos no es de derecha ni de izquierda: es simplemente un pacto de impunidad. Tienen cooptado el Congreso, gran parte del sistema de justicia y gran influencia en el Organismo Ejecutivo. El gobierno actual, que llegó con la bandera del cambio, parece no haber entendido la magnitud histórica de su mandato o no tiene la fuerza (o la voluntad) para enfrentarlos de frente.

Y aquí viene lo más duro: la democracia no emerge porque, en buena medida, la mayoría de la población no la pelea. Después de décadas de terror, muchos guatemaltecos aprendieron a sobrevivir agachando la cabeza. Pero también es cierto que en 2015 y en 2023 cientos de miles salieron a las calles y votaron contra el sistema. Esa energía existe.

La construcción de la verdadera democracia debe ser un trabajo de todos. Ya no es problema de ideología alguna, ni de derecha ni de izquierda. Que no quieran asustarnos con el petate del muerto. La única posibilidad real es organizarnos desde abajo: barrios, comunidades, municipios, universidades, mercados, redes digitales. Exigir rendición de cuentas todos los días. Apoyar y proteger a los jueces y fiscales honestos que aún resisten. Fortalecer a las autoridades ancestrales, a los movimientos campesinos e indígenas que nunca se rindieron. Construir una ciudadanía activa que no se conforme con votar cada cuatro años y luego volver a casa. Hagámoslo guatemaltecos y hagámoslo ahora porque si no es ahora, no será nunca.

Saturday, December 6, 2025

Ingeniería escolar.

 Fernando Cajas.

A partir de los llamados por alfabetización científica de finales del Siglo XX iniciados en el seno de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, AAAS por sus siglas en inglés, y seguidos por el Consejo Nacional de Ciencia, NRC, por sus siglas en inglés, ambos en el corazón de la política educativa norteamericana, aparece la ingeniería en la educación obligatoria. Tenemos una larga historia de la matemática en la educación obligatoria. Desde el inicio de la Escuela Pública como institución social los alumnos han tenido que aprender matemática.

Primero, el conocimiento matemático escolar ha sido considerado de crucial importancia para los alumnos, tanto para sus capacidades individuales, sus capacidades laborales como para su participación social. Lo mismo sucede con lectura y escritura: Aprender a leer es esencial para la democracia, esto es, para la participación social informada y crítica, así como estudios sociales, historia y otras áreas cognitivas que son materias escolares en cualquier parte del mundo. Pero ingeniería, ingeniería no, porque se supone que es lo que se estudia en la universidad o en un tecnológico.

Entonces, como si no fuera suficiente que los alumnos tengan que aprender matemática, lectura y escritura, estudios sociales y un largo número de materias ahora los llamados son para que aprendan ingeniería. Y ¿por qué?

Es claro que la ingeniería profesional se enseña en las facultades de ingeniería y en los tecnológicos superiores, pero la ingeniería escolar es un producto de los llamados de alfabetización científica. La lógica detrás de este llamado es que la ingeniería es fundamental para la sociedad y aunque no todos tienen que ser ingenieros hay elementos de la ingeniería que sirven para construir ciudadanía, capacidades críticas de la población. Explico.

Desde que nacemos hasta que morimos, todo lo que nos rodea es obra de artesanos, diseñadores, constructores, arquitectos o ingenieros. Los autos donde nos movemos, los aviones que tomamos, el teléfono que usamos, etc. Pero los productos de la ingeniería no son éticamente neutrales. Tienen un efecto positivo o negativo en la sociedad. Un sistema de distribución de agua tiene en el mejor de los casos un efecto positivo, pero pudiera también dejar a ciertos sectores sin agua. Todo diseño de ingeniería tiene efectos positivos, negativos, efectos colaterales no intencionales, efectos desconocidos que son impredecibles. Una planta hidroeléctrica pudiera producir electricidad limpia para una comunidad, pero tiene posibles efectos secundarios que los ciudadanos o habitantes de comunidades rurales deben conocer previo a que se haga. Las minas a cielo abierto en Guatemala en general tienen efectos negativos que los ciudadanos y comunitarios deberían conocer para aceptarlas o no.

Así que la lógica detrás de la introducción de la ingeniería a los sistemas escolares obligatorios no es para convertirlos en ingenieros ni mucho menos, no. Es para tener un conocimiento básico de la naturaleza de las ingenierías y las tecnologías, así como de sus efectos positivos y negativos, colaterales, anticipados o no, para que nosotros los ciudadanos participemos en decir que es lo que como sociedad nos conviene.

Los enormes problemas del tráfico en ciudad capital de Guatemala son una ausencia total de un entendimiento científico y tecnológico del transporte público y una ausencia de alternativas de transporte, asociado a la necesidad de tener ciudades satélites donde las personas se ven obligadas a dormir mientras pasan cuatro horas de tráfico cada día. Es una incapacidad total de alfabetización tecnológica. La crisis del agua que se genera en ciertas zonas de la ciudad de Guatemala y en Mixco y en otros lugares alrededor de la capital es el resultado de una enorme indiferencia e incapacidad en la gestión de agua: Ausencia de entendimiento de la ingeniería con funciones sociales.

Estos son problemas de ingeniería que deben ser entendidos por los concejos municipales y por los ciudadanos para poder participar en planes coherentes y realistas para mejorar la eficiencia del transporte público y mejorar la gestión del agua, ambos problemas de ingeniería con enormes repercusiones sociales. Estos solamente son dos ejemplos, pero hay muchos problemas más que afrontar. Por eso, los y las ciudadanas deben conocer elementos clave de la ingeniería para opinar, mejorar la calidad de vida en sus comunidades.

Ojalá el Ministerio de Educación reconozca lo fundamental que es la introducción de la ingeniería en los sistemas escolares como parte de la mejora del pensamiento crítico de los futuros ciudadanos y de los actuales estudiantes. Ya hay algunos ejemplos concretos de esto a través de lo que se llama STEM, ciencia, tecnología, ingeniería y matemática como el dirigido por Waleska Aldana. La apertura de más de 500 institutos de educación media también abre una ventana de oportunidad para la introducción de elementos de la ingeniería en el currículo de la educación obligatoria guatemalteca.

Para eso hay que revisar los ejemplos de otros países. En Australia la ingeniería y el «design thinking» son parte del currículo nacional desde 2015; en Estonia los niños de primaria aprenden robótica básica y análisis de sistemas. En México, desde donde escribo, hay un intenso movimiento STEM. En Finlandia, Canadá, Alemania, Inglaterra, Colombia también hay ejemplos exitosos de la inclusión STEM en el currículo.

Es hora de que en Guatemala incluyamos a la ingeniería en el currículo de la educación obligatoria para mejorar el pensamiento crítico de nuestros estudiantes. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Nota: Fernando Cajas fue investigador asociado de la American Association for the Advancement of Science (AAAS) en Washington DC, de 1998-2001, donde estudió el conocimiento de la ingeniería como conocimiento escolar y organizó el primer congreso de la AAAS-Project 2061 de aprendizaje de la tecnología en 1999.

Friday, December 5, 2025

Honduras, ¿fraude o derrota?

Carlos Figueroa Ibarra.

En el momento de escribir estas líneas, a dos días de las elecciones Honduras del 30 de noviembre de 2025 con el 55% de los votos computados, los dos candidatos de la derecha estaban en un empate técnico con 39% de los votos mientras que Rixi Moncada la abanderada del partido Libre, ocupaba un distante tercer lugar con aproximadamente 20% de los sufragios. ¿Fraude o derrota? He aquí la gran pregunta que debe hacerse con respecto a los comicios hondureños.
En abono a la primera hipótesis, la del fraude, habría que decir que las encuestas hasta hace muy pocos días daban a Rixi un triunfo con un 40% de los votos en un sistema electoral sin segunda vuelta, mientras Nasri Azura y Salvador Nasralla se disputaban el segundo o tercer lugar con unas intenciones de voto de aproximadamente 20% cada uno. Analistas entusiastas por el progresismo en Honduras elevaban las intenciones de voto para Moncada a alrededor del 50%. Con estos pronósticos los resultados electorales resultan desconcertantes y el olor al fraude es inevitable. Desde México algunos analistas desde la izquierda recuerdan el fraude cometido a favor de Salinas de Gortari en 1988 cuando el sistema de recuento de votos se cayó y equiparan “esta caída del sistema” a la suspensión de emisión de datos del programa de Transmisión de resultados Electorales Preliminares (TREP). “Esa película ya la vi” dijo en su transmisión diaria el senador por Morena Gerardo Fernández Noroña, quien recordó cómo vivió personalmente el fraude de1988.
La hipótesis del fraude se acrecienta si se recuerdan los 26 audios en los cuales la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Cossette López, hablaba con su interlocutor acerca de cómo se iban a anunciar los resultados electorales de tal manera de favorecer a alguno de los dos candidatos de la derecha y en todo caso escamotear el eventual triunfo de Rixie Moncada. Este hecho fue denunciado por el Ministerio Público en octubre del presente año y fue uno de los temas de conversación entre las presidentas Claudia Sheinbaum y Xiomara Castro en ocasión de la reciente visita a México de la segunda. La candidata Moncada había advertido antes de las elecciones que no iba a aceptar las cifras del TREP. Las encuestas que daban el triunfo a Rixie Moncada tenían sentido si se recuerda que en estos últimos cuatro años el gobierno de Xiomara Castro alcanzó avances significativos en áreas clave como reducción de pobreza: la pobreza de 73.6% a 60.1% y la extrema pobreza de 53.7% a 38.3%. Además de la inversión social y productiva ​que en 2023 según la CEPAL fue la mayor en América Latina. Honduras que es uno de los países más violentos de la región, también logró una disminución de los homicidios en estos cuatro años. La inversión en educación logró niveles históricos, así como la de los servicios públicos, energía, agricultura y medio ambiente. Muchos de esos logros están cuantificados -como la caída en pobreza, el aumento del gasto social o la inversión en infraestructura- y representan cambios tangibles comparados con periodos anteriores.
En su primera conferencia de prensa, Rixie Moncada denunció que los resultados electorales que se estaban dando, estaban sesgados por el hecho de que en las vísperas de la elección, el CNE habían levantado el que fuera obligatorio que las actas enviadas por las Juntas Receptoras de Votos (JRV) tuvieran una validación biométrica (huellas dactilares, firmas digitalizadas, fotografías de los integrantes de dichas JRV). Esto resultó en el hecho de que hasta el momento en que ella dio su conferencia de prensa, de las 11,280 actas divulgadas, 2, 859 (25.35%) no tenían tal registro biométrico. De estas actas no validadas biométricamente 1,588 (55.54%) favorecían al Partido Nacional (Azura) y 1,041 (36.41%) al Liberal (Nasralla). Solamente 204 actas (7.14%) de las actas sin registro biométrico favorecían al partido Libre (Moncada). Esto significa que el 25% de las actas no tenían registro de autenticidad.
La hipótesis de la derrota se sustenta en el hecho de que estas elecciones estuvieron marcadas por el injerencismo estadounidense. En primer lugar, Trump declaró su apoyo a Nasri Azura, luego dijo que si no ganaba entonces Estados Unidos “no malgastaría su dinero en Honduras”. Una amenaza real para un país que ha sido prototipo de la república bananera, que depende sustancialmente de las remesas y que está sumida en la miseria y en la pobreza. En las vísperas electorales declaró que indultaría al expresidente Juan Orlando Hernández condenado a 45 años de prisión por haber propiciado desde sus períodos de gobierno (2014-2022) el trasiego de 400 toneladas de cocaína. Al terminar la jornada electoral también se unió a la narrativa del fraude, pero desde la perspectiva de que ese fraude se estaba realizando a favor de Nasralla. Declaró Trump que si se intentaban cambiar los resultados de la elección habría consecuencias graves y exigió al Consejo Nacional Electoral que terminara pronto el conteo y advirtió que “la voluntad del pueblo” tendría que respetarse. La hipótesis de la derrota se sustenta primeramente en la opinión de que el pueblo hondureño al igual que sucedió con la Argentina en las elecciones legislativas de octubre de 2025, cedió al chantaje imperialista.
Los que hemos vivido los fraudes electorales (yo los viví en Guatemala en 1974 y en México en 1988, 2006 y 2012) sabemos que estos son más posibles si los resultados son cerrados. En el caso de Honduras, la candidata progresista esta a 20% de los dos candidatos punteros. Solamente un descomunal fraude, una adulteración masiva de los resultados electorales, podría explicar esta abultada diferencia. Cabe pensar si lo que sucedió en Honduras no se debió al fraude, o no solamente al fraude, sino es el resultado de una presión imperialista que atemorizó a grandes sectores del electorado como sucedió en Argentina. También cabe analizar el papel de otros factores como el rol de las iglesias fundamentalistas neopentecostales (bases sociales del neofascismo) en Honduras, que ya controlan el 50% de la feligresía. Finalmente, el poder mediático que tienen las 25 familias que constituyen el eje vertebral de la clase dominante hondureña.
El triunfo de la derecha hondureña es el triunfo de la ultraderecha hondureña. Es un absurdo calificar a Nasralla de “centrista” apelando a un pasado de alianzas con el partido Libre. Nasralla es un oportunista y ahora si llega a la presidencia se inclinará por lo que la Casa Blanca le indique y él mismo será un aliado de Milei en Honduras o de Bukele en El Salvador. Más aún si se toma en cuenta de que a diferencia de los últimos 25 años, América Latina está girando hacia la peor de las derechas como lo demuestra en el contexto del asedio imperialista el fraude electoral en Ecuador, la imperdonable derrota del MAS en Bolivia, el triunfo de Milei en las legislativas, este revés en Honduras y el previsible triunfo de la derecha neofascista este mismo mes en Chile. Las victorias tienen muchos progenitores, las derrotas son huérfanas. Más allá de sindicaciones personalizadas, es necesario un examen de la capacidad reaccionaria de meterse a través del miedo y el convencimiento en amplios sectores populares. Es necesario diseñar una estrategia para hacerle frente a la batalla cultural neofascista que esta rindiendo frutos. Son estos tiempos, tiempos de reveses que acaso sean de largo alcance. Tiempo de respuestas objetivas a preguntas dolorosas. Tiempos de reflexión profunda para volver a levantarnos.

Wednesday, December 3, 2025

Buenas noticias para el agua en Guatemala.

 Fernando Cajas.


La semana pasada, la última de noviembre, nos trajo buenas noticias para el agua guatemalteca, para nuestra lastimada, abusada y contaminada agua. La semana comenzó con la reunión anual de GWP Guatemala —Global Water Partnership, la Asociación Mundial para el Agua— en Antigua Guatemala. Como Instituto de Investigación en Ingeniería del Centro Universitario de Occidente (CUNOC) de la Universidad de San Carlos de Guatemala, llevamos participando en este espacio desde hace una década, aunque nuestra experiencia en el desarrollo de programas de gestión del agua se remonta a 2005, a raíz de la tormenta Stan.

En GWP Guatemala participa la Red Nacional de Agua Potable y Saneamiento de Guatemala (Rasgua), una plataforma que se sostiene en el trabajo voluntario, colaborativo y con participación abierta de sus miembros, aliados y actores locales. Su objetivo primordial es contribuir a mejorar las condiciones de vida de la población guatemalteca mediante una gestión adecuada del agua.

En estas redes de apoyo a la gestión social del agua se comparten los avances de proyectos de gestión integrada de recursos hídricos en todo el país y su vinculación con iniciativas internacionales. Junto a estas organizaciones es imprescindible reconocer el aporte de la academia pública a través de sus programas en gestión del agua e ingeniería sanitaria, tanto del CUNOC en Quetzaltenango como de la Escuela Regional de Ingeniería Sanitaria (ERIS) del campus central. Este conjunto de personas e instituciones resulta fundamental para enfrentar los graves problemas de la gestión hídrica en Guatemala.

Diversos estudios lo han documentado —entre ellos el proyecto de investigación “Gestión Integrada de Recursos Hídricos en Guatemala”, financiado por Nuffic (la antigua agencia holandesa para el desarrollo de la educación superior), ejecutado en el CUNOC con apoyo del Instituto IHE Delft de Países Bajos y del centro CINARA de la Universidad del Valle de Cali—: la contaminación de las fuentes de agua es el problema estructural más grave del país.

En efecto, tanto UNESCO como UNICEF han reportado que el 90% de las fuentes de agua en Guatemala están contaminadas y que la mitad de los hogares carecen de acceso a agua limpia, por no hablar de agua potable, porque en general agua potable no existe en el país. Persisten enormes problemas de saneamiento y una ausencia casi total de tratamiento de aguas residuales, que terminan vertiéndose directamente en ríos, acuíferos y, finalmente, en el mar.

La buena noticia es que, en el marco de la reunión anual de GWP, se presentó la propuesta de Iniciativa de Ley Orgánica de la Superintendencia de los Servicios Públicos de Agua Potable y Saneamiento, un excelente proyecto. La propuesta inicial fue elaborada por la Alianza por el Derecho Ambiental y Agua y entregada en enero de 2025 por la ONG Water for People al Congreso de la República. Posteriormente se abrió un proceso de aportes institucionales respaldado por Helvetas y la Agenda por el Cambio.

En la exposición de motivos de la iniciativa se cita: «La evaluación de los servicios de Agua Potable y Saneamiento de las Américas, realizada por la OPS/OMS y UNICEF, identificó tres funciones esenciales en la institucionalidad del sector: planificación, regulación y operación». Esta propuesta de ley responde de manera adecuada a la necesidad urgente de crear una autoridad reguladora que permita iniciar el proceso de mejorar el acceso al agua potable y al saneamiento.

Para cerrar la semana, el jueves 27 de noviembre, la gobernadora de Sacatepéquez, Angelina Aspuac, convocó a los alcaldes del departamento —incluido el de Antigua Guatemala, que fue el único que no asistió— a firmar un Pacto por el Medio Ambiente. Este pacto solo puede traer beneficios para el agua, su gestión y su manejo eficiente en Sacatepéquez, donde el río Pensativo se ha convertido en un drenaje más y la descontrolada urbanización alrededor de Antigua Guatemala pone en riesgo su propia seguridad hídrica.

Además de los alcaldes, participaron otras instituciones; estuvo presente la ministra de Ambiente y Recursos Naturales, Patricia Orantes. En su discurso de inauguración, la gobernadora explicó que, desde la cosmovisión maya, el agua no es solo un recurso y mucho menos una mercancía. Como señaló Miguel Ángel Sandoval en Público GT el 29 de noviembre de 2025, el enfoque central de la reunión fue la importancia de cuidar el agua, y la gobernadora ofreció datos concretos sobre cómo los residuos sólidos están contaminando todo. El Pacto por el Medio Ambiente de Sacatepéquez es, sin duda, esperanzador.

Hay que destacar y celebrar estas noticias porque es urgente que enfrentemos los enormes problemas en la gestión del agua que padece Guatemala. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.