Saturday, March 28, 2026

Aprender a leer y a contar: Se nos escapa el pensamiento profundo.

 Fernando Cajas.


No parece que los graduandos de secundaria mejoren sus capacidades de lectura ni de matemáticas. En la Evaluación de Graduandos 2025 del Ministerio de Educación se evaluaron 150,000 estudiantes del último año de diversificado. Estos fueron los resultados:

  • Lectura: 35 % alcanzó nivel de logro.
  •  Matemáticas: 16 % alcanzó nivel de logro.

Es cierto que en matemáticas hubo una ligera mejoría de 3.3 puntos respecto al período anterior, el mejor resultado de la última década. Pero ocho de cada diez graduandos siguen sin llegar al nivel esperado. Seguimos perdiendo terreno en lo esencial.

Uno podría pensar que la culpa es solo de la mala formación docente o de estrategias didácticas deficientes. Y sí, parte del problema es estructural: universidades que no forman maestros lectores, currículos obsoletos, ausencia de libros en las manos de los profesores una USAC que, en lugar de promover la lectura crítica, se ha convertido en centro de politiquería.

Pero los problemas se han agravado dramáticamente por la emergencia de los teléfonos celulares y sus redes sociales: TikTok, Facebook, Instagram, X y tantas otras diseñadas para tener seres adictos, no seres pensantes. Estamos perdiendo rápidamente la capacidad de pensar profundamente. Ya los alumnos no leen libros completos, ni siquiera resúmenes. Los libros se han convertido en un asunto del pasado y con ello nuestra capacidad de leer, sumar, restar, multiplicar, dividir y todo tipo de actividad cognitiva que requiera concentración.

Leer, como lo recordamos en Filgua, la Feria Internacional del Libro de Guatemala, no es un acto biológico espontáneo. Es una práctica social artificial, un encuentro valiente y disciplinado entre el mundo posible del escritor y el mundo que construye el lector. Requiere maestros que lean, que escriban, que entiendan. Requiere valentía para que un libro nos golpee “como un puño en la cabeza”, según Kafka. Sin esa lectura profunda no hay comprensión real, no hay pensamiento crítico, no hay país que se construya.

Los datos lo confirman. La investigación de la doctora Gloria Mark, de la Universidad de California Irvine, muestra que nuestros periodos de atención se han reducido en más de un factor de tres desde 2004, con las caídas más pronunciadas a partir de 2012. Las encuestas a largo plazo revelan que la proporción de adultos que luchan con la lectura básica o las matemáticas ha aumentado notablemente, y que los jóvenes de 18 años reportan cada vez más dificultades para concentrarse y pensar de forma sostenida.

La atención fragmentada que nos imponen las pantallas es incompatible con la lectura profunda que Guatemala necesita. No se puede construir un país con jóvenes que leen por scroll, que piensan en fragmentos de 47 segundos y que nunca han sostenido un libro el tiempo suficiente para que les despierte algo.

Universitarios, docentes, padres y ciudadanos: Se nos escapa el pensamiento profundo. Se nos escapa el futuro. Así como perdemos a la Universidad pública nuestra, así perdemos la capacidad de pensar, de actuar y de leer, no digamos de escribir.

Thursday, March 26, 2026

La Usac: De universidad popular a universidad cooptada.

 Fernando Cajas.


Los problemas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) no son coyunturales. Son estructurales y se han ido consolidando a lo largo de décadas, adaptándose a un país marcado por contradicciones e injusticias históricas. Walter Mazariegos no es la causa, sino la punta de lanza visible de un proceso que comenzó con la contrarrevolución de 1954, cuando los llamados “boys” detuvieron los avances de la Revolución de 1944, la única revolución democrática que ha tenido Guatemala.

La Revolución de 1944 forjó un Estado moderno y democrático, y en ese marco nació la Usac como universidad nacional y autónoma. No fue en 1676, sino en 1944 cuando adquirió su carácter público, popular y autónomo que la definió como institución al servicio del pueblo. Ese sueño democrático duró apenas diez años. En 1954, el Departamento de Estado de Estados Unidos interpretó nuestra revolución como “comunista” —una acusación infundada— y apoyó su derrocamiento. Desde entonces, tanto el Estado como la universidad fueron penetrados sistemáticamente para convertirlos en instrumentos de intereses privados, camuflados en cámaras empresariales y pseudogremios industriales.

Este proceso se institucionalizó en 1985 con la Constitución, al asignarle a la Usac un rol central en las Comisiones de Postulación para las altas cortes. Lo que debía ser una garantía de meritocracia académica se transformó en la puerta de entrada para la cooptación del sistema de justicia. La universidad dejó de ser centro de debate académico y social para convertirse en un engranaje clave del poder político.

Tras la guerra civil —que cobró cientos de mártires universitarios— llegó a la rectoría Eduardo Meyer. Su gestión marcó el inicio del retroceso. Meyer no solo fue señalado por entregar información sobre activistas universitarios al Ejército durante los años más duros de la represión, sino que utilizó la Usac como plataforma para su posterior carrera política en el Congreso. A partir de entonces, la conversación académica fue desplazada por las “decisiones politiqueras” en torno a las designaciones judiciales.

Hoy, los resultados son alarmantes. Los índices de acceso a la educación superior en Guatemala siguen siendo de los más bajos de América Latina. En la Usac, de los miles de aspirantes que cada año buscan ingresar, solo una fracción logra hacerlo debido a la alta demanda y la limitada capacidad instalada, pero principalmente debido al desinterés de las autoridades en ofrecer educación pública superior pertinente para la mayoría de la gente. La institución se ha burocratizado. Ofrece programas tradicionales y excesivamente largos —como Derecho, que puede tomar hasta 15 años—, con una eficiencia terminal bajísima. En Derecho, por ejemplo, no supera el 5% de estudiantes que culminan en el tiempo previsto del currículo.

La inversión en investigación científica es mínima y, aunque la Usac se mantiene en posiciones medias-bajas en los QS University Rankings Latin America & The Caribbean (la Usac bajó del puesto 146 al 190 en los reportes más recientes), ha perdido terreno relativo frente a su potencial como principal universidad pública del país.

En el siglo XXI, el declive político se aceleró. Rectores y diferentes consejos superiores universitarios priorizaron el control de las comisiones de postulación sobre cualquier agenda académica. Junto con algunas universidades privadas alineadas, la Usac perdió su brújula social. El punto de quiebre llegó con la alianza entre el expresidente Alejandro Giammattei y el entonces decano de Humanidades, Walter Mazariegos: uno entregó la universidad, el otro facilitó el control de las cortes. Esa captura no es casual; responde a una política corrupta que utiliza el Estado para beneficio privado, mediante redes que priorizan el clientelismo y el control por encima de la meritocracia y la autonomía.

Universitarios y ciudadanos: Las elecciones para rector fueron ampliamente ganadas por el movimiento Dignidad y Resistencia (DIRE). Este es el momento de defender la honestidad y los resultados electorales genuinos. No permitamos que los mismos actores que han cooptado el sistema de justicia capturen nuevamente nuestra universidad. Defendamos la honestidad y la democracia universitaria. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Monday, March 23, 2026

El agua en la escuela y el agua en la vida.

 Fernando Cajas.


En el Día Internacional del Agua: 22 de marzo de 2026.


“El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo para concienciar sobre la importancia del agua dulce y promover su gestión sostenible…”, señala la página oficial de la UNESCO.

Sobre el agua empezamos a aprender desde que flotamos en el líquido amniótico dentro del vientre de nuestra madre. Los infantes comprenden pronto que el agua es versátil: fluye, se congela formando hielo, aunque no entienden por qué. La evaporación les resulta más compleja y muchos pequeños no creen que las nubes estén hechas de agua.

Al entrar a la escuela, el Currículo Nacional Base (CNB) de Guatemala trata el ciclo del agua principalmente en el área de Ciencias Naturales y Tecnología. Los indicadores de logro piden “describir las etapas principales del ciclo del agua” y “relacionar sus alteraciones con fenómenos hidrológicos”, pero se limitan a las propiedades físicas. Por su estructura y ausencia de investigación sobre cómo aprenden los niños, se exige memorizar sin antes desarrollar principios como la conservación de la masa y de la energía. Peor aún, reproduce un ciclo descontextualizado: diagramas de ríos inexistentes y paisajes idílicos sin seres humanos que participen, transformen el flujo y alteren la calidad del agua. No se estudia la naturaleza social del ciclo del agua.

A los estudiantes de primaria, secundaria y universidad se les entrega información que nunca se vuelve vivencial. No exploran los ríos de su comunidad, no caminan sus cuencas, no conocen sus acuíferos, no van a recorrer las zonas de recarga hídrica. Memorizan esquemas idealizados que no les explican de dónde llega el agua a su casa, cómo se contamina, a dónde va ni cómo se limpia (si acaso se limpia). Tampoco se abordan las grandes inequidades: zonas de recarga como San Juan Oscuncalco, las montañas del Quiché o las Verapaces “producen” agua que viaja a centros urbanos, dejando sin acceso a las comunidades rurales. Se sabe que muchas mujeres en zonas rurales invierten horas cargando agua, para llevar a sus casas, mientras las ciudades contaminan ríos, lagos y acuíferos. En la ciudad el agua simplemente «sale» del chorro o de la pluma como dicen en Panamá o de la llave para ser, usualmente, desperdiciada. 

En las ciudades no tenemos conciencia de la importancia del agua hasta que nos falta. Mientras tanto se desperdicia, se sobreusa para lavar carros. Empresas, como la cervecería (y muchas más) en Quetzaltenango y en Ciudad de Guatemala (y muchos lugares más), explotan y explotan las aguas subterráneas, sin participar en la recarga hídrica, la limpieza del agua que ensucian o en pago de servicios ambientales. Lo mismo en la Costa Sur, donde los monocultivos de caña y palma africana, ahora ya en el norte, también sobre usan agua, vacían acuíferos, desvían ríos y tratan el agua a su sabor y antojo. Estos problemas sociales deben tratarse adecuadamente en las escuelas, pero no aparecen en el Currículo Nacional Base, CNB. 

El CNB tampoco incorpora la investigación científica sobre las dificultades de los alumnos para entender las partes invisibles del ciclo. Los estudiantes y docentes imaginan acuíferos como compartimentos desconectados de las rocas o como la “etapa final” del ciclo, sin escala ni conexión con la superficie de la cuenca.

Hay mucho trabajo por hacer. Precisamente para responder a esta necesidad escribí y publiqué mi libro La naturaleza social del ciclo del agua (Editorial Piedrasanta, 2026). En él integro ciencias naturales, sociales y jurídicas, presento casos concretos de Guatemala y demuestro que el agua no es solo un compuesto químico: es un conector social, un bien público que todos debemos entender y respetar.

El libro ofrece un marco para entender la naturaleza social del agua e introducirla al CNB. Propone transformar la enseñanza hacia una perspectiva vivencial y social. Este libro y otros libros sobre el agua, pero principalmente aquellos que integran investigación científica sobre el aprendizaje pueden ayudar a reconceptualizar el estudio del agua en la escuela, con las siguientes sugerencias generales: 

  • Explorar las hidrocuencas donde viven los estudiantes (salidas de campo a ríos locales, mapeo participativo de zonas de recarga y contaminación).
  • Usar el principio de conservación de la masa y energía para explicar transformaciones reales, no solo memorizar fases.
  • Analizar las inequidades urbano-rurales, el rol de las mujeres y el impacto de la urbanización y la agricultura industrial en la calidad del agua.
  • Formar docentes con las investigaciones disponibles sobre concepciones alternativas de los niños (evaporación, nubes, acuíferos invisibles).

Es urgente que el Ministerio de Educación incorpore la naturaleza social del ciclo del agua en la formación docente inicial y continua y en los planes de estudio. Que cada escuela organice al menos una salida anual a su cuenca social. Que los estudiantes dejen de dibujar ríos de fantasía y empiecen a cartografiar los suyos, midiendo, preguntando y proponiendo soluciones reales.

El agua no es solamente un tema de Ciencias Naturales: es un tema de vida, de justicia y de futuro. Aprender su ciclo social desde la escuela es la forma más poderosa de respetarla. 

 

Saturday, March 14, 2026

Las tareas escolares como medio de represión o ignorancia.

 Fernando Cajas.


Recuerdo con alegría mis años de infancia, tanto en la escuela primaria como en la secundaria. El aprendizaje escolar se daba en la escuela, donde los maestros desarrollaban sus actividades. Para entonces dominaba una pedagogía relativamente conductista donde aprender era repetir y enseñar era hablar. Ciertamente la memorización jugaba un papel primario, pero también el entendimiento cognitivo. Pero lo que más recuerdo son los juegos, los recreos, el partido de fútbol, el grupo de teatro de la primaria cuando copiábamos la historia de Taco y Enchilada, unos cómicos guatemaltecos de la época que imitábamos a pie de la letra.

De los maestros que con más cariño recuerdo, eran aquellos que con vocación le daban seguimiento al aprendizaje de entonces, aprendizaje conductista.

Ciertamente la escuela de entonces, 1970, tenía muchas cosas que mejorar y no había llegado el movimiento constructivista que miraba al aprendizaje como una construcción social. Pero la escuela de entonces respetaba la relación Escuela-Familia, toda vez que ya fuera de la escuela el tiempo era para jugar con los amigos del barrio. Mamá iba de vez en cuando a la escuela, a una que otra sesión, quizá una vez al año y las tareas escolares existían, pero eran limitadas, no nos quitaban el tiempo del juego, el tiempo de alegría. Las tareas escolares no nos quitaban el derecho a jugar como niños. Eran tareas moderadas, ni siquiera eran diarias.

Esta no es una reflexión que se basa en que todo lo pasado fue mejor. No. Durante las últimas tres décadas las ciencias del aprendizaje han tenido enormes progresos. Por fin «rompimos la tapa de los sesos» para salir de la aburrida pesadilla del conductismo. Hemos aprendido a entender cómo aprenden las personas como bien lo resume el libro How People Learn de NRC, Consejo Nacional de Ciencias de Estados Unidos por sus siglas en inglés, también disponible en castellano. Este texto resume cómo el aprendizaje cambió de especulación a ciencia.

A pesar de los avances científicos y técnicos, ser maestro lleva una profunda vocación, un interés y un amor especial a los alumnos que nunca la tecnología podrá sustituir, vocación que ha venido a ser reemplazada por especulaciones y autoritarismos dañinos.

Una de esas especulaciones es atiborrar a los estudiantes de tareas, insensatas, inoperantes, que nunca fueron entendidas epistemológicamente y jamás fueron adaptadas psicológicamente. O sea, la escuela actual se ha tomado el derecho de interferir en la vida familiar llenando a los estudiantes de libros de texto, cargando libros como si fuera un castigo. La filosofía dominante es cubrir contenido tras contenidos, sin razón ni sentido, violando principios elementales de las nuevas reformas educativas como la de alfabetización científica de la Asociación Americana para el Avances de la Ciencia, AAAS, donde yo trabajé un par de años.

Dentro de los principios que guiaban la reforma de Alfabetización Científica de la AAAS, esto es el aprendizaje de la ciencia, la matemática, la tecnología y la ingeniería escolar, se encuentran los siguientes:

Aprender no es necesariamente un resultado de enseñar
Lo que los estudiantes aprenden recibe la influencia de sus ideas preexistentes
El avance en el aprendizaje va generalmente de lo concreto a lo abstracto
Las personas aprenden a hacer bien solamente aquello que practican
El aprendizaje efectivo de los alumnos requiere retroalimentación
Concentrarse en reunir y utilizar la evidencia.

Estos principios genéricos pueden utilizarse para construir ambientes escolares para razonar, para desarrollar el pensamiento crítico y no solamente para cubrir contenido de forma ciega e irresponsable. Cuando la escuela toma el control total de la familia, cuando la escuela genera tareas escolares insensatas capaces de quitarles totalmente a los alumnos la alegría de aprender, entonces son una fábrica de estupideces donde no se aprende lo más elemental: A leer y entender o a sumar, restar, multiplicar y dividir y menos a tener pensamiento crítico.

Los resultados de las pruebas de lectura y de matemática de los graduados guatemaltecos son los siguientes. En lectura apenas el 30% demuestran capacidades de que entienden lo que leen. En matemática ni el 15% pasan un examen elemental de aritmética. Eso es el resultado de escuelas autoritarias que no utilizan para nada las ciencias del aprendizaje, que no forman a los docentes a través de lo que la ciencia dice sobre cómo aprenden las personas y terminan haciendo un trabajo no solamente empírico sino también impertinente llenando a los estudiantes de contenidos irrelevantes y quitándoles la alegría de aprender y el derecho de jugar y de ser niños y niñas. Detengamos esta barbarie haciendo que el Currículo Nacional Base cubra menos con mayor profundidad y contenga prácticas pertinentes para la vida de los y las estudiantes.

Ciertamente el país tiene escuelas que no utilizan las tareas como medio de represión. Ciertamente hay escuelas que propician el pensamiento crítico como lo muestra que un 30% de graduandos entienden lo que leen. Pero ¿y el 70% restante?

Ciertamente el país tiene escuelas donde los niños aprenden matemática y lo hacen críticamente como lo muestra el 15% de graduandos que saben matemática elemental. Pero, y el 85% que no sabe aritmética qué.



Friday, March 13, 2026

Irán, el costoso error del cálculo imperialista.

 

Carlos Figueroa Ibarra.

Semana y media después del bombardeo inicial de Estados Unidos e Israel contra Irán, la lectura y escucha de analistas serios nos indica que lo que ha sucedido no es precisamente favorable para la coalición imperialista. Esto es lo que puedo concluir tras escuchar o leer a analistas como Jeffrey Sachs, Glenn Diesen, Alfredo Jaliffe Rahme, Xueqin Jiang, Rein Müllerson, Sergio Rodríguez Gelfenstein y Pepe Escobar; exmilitares que han sido asesores del gobierno estadounidense como los coroneles Lawrence Wilkerson, Douglas Macgregor, Stanislav Kaprivnik y Daniel Davis; ex analistas de la CIA como Scott Ritter y Larry Johnson; diplomáticos como Chas Freeman y Alastair Crooke; corredores financieros como Peter Schiff y Alex Krainer. La mayor parte de ellos son miembros conspicuos del establishment estadounidense y occidental, por lo tanto, libres de toda sospecha de ser partidarios de la República Islámica de Irán.
A ellos puedo agregar al académico y ex militar iraní y profesor de la Universidad de Teherán Seyed Mohammad Marandi así como la dirigente comunista británica Joti Brar. Escuchar a estos avezados analistas lo he complementado con la lectura atenta de periódicos y revistas. En suma, he hecho todo lo que puede hacer un observador preocupado por la coyuntura mundial. Con toda esta información he podido llegar a estas conclusiones iniciales:
1. La intervención militar estadounidense e israelí es un proyecto imperialista conjunto. No me parece plausible pensar que es Benjamin Netanyahu el que haya forzado a Donald J. Trump a meterse en la aventura incierta en la que ambos están ahora inmiscuidos. Las motivaciones imperialistas de Estados Unidos son obvias: al menos derrocar a la República Islámica de Irán y poner en su lugar a un gobierno cipayo que les entregue el petróleo y el gas además del control del estrecho de Ormuz; consolidar el control del Golfo Pérsico y el de Omán, así como asfixiar energéticamente a China, cerrarle a ésta última y a Rusia el tránsito por la región de la Franja y Ruta de la Seda así como de la Ruta Norte Sur (Rusia-Golfo Pérsico). El objetivo imperialista de Israel es la creación del “Gran Israel” que afincaría su dominación sobre Gaza y Cisjordania, Líbano, partes de Egipto, Jordania, Irak, Siria, los países del Golfo Persico, Yemen y Oman y aun partes de Turquía. Sería su Lebensraum (espacio vital). Me parece poco plausible que el imperialismo regional israelí (subimperialismo) creado principalmente por Washington, le esté dictando a este último lo que debe de hacer.
2. El ataque de la coalición imperialista estaba decidido desde el 29 de diciembre de 2025. Si esto fuera cierto, las rondas de negociaciones observada entre estados Unidos e Irán, fueron un engaño por parte de los Estados Unidos, cuyo fin era tomar el tiempo necesario para realizar la agresión militar a Irán. Ni en junio de 2025 ni en febrero de 2026, la Casa Blanca estaba realmente interesada en lograr un acuerdo pacífico porque el eventual armamento nuclear era el pretexto para lo que realmente quieren: tomar control de Irán.
3. Estados Unidos e Israel se metieron a una guerra asimétrica pero no unilateral. El poderío bélico de Estados Unidos es asombrosamente letal como le corresponde a un presupuesto que en 2025 ascendió a 964 billones de dólares y que para el año entrante se está pensando en aumentar en un 50%. La letalidad imperialista quedó atemorizantemente mostrada en el fulminante ataque de 89 minutos a Venezuela el 3 de enero. Si el sentido común esperaba una guerra asimétrica con Venezuela, lo que se vio ese día superó todas las previsiones. La respuesta de Irán no es menor: por primera vez en la historia un país agredido ha bombardeado a 25 bases militares ubicadas en ocho países de la región y ha alcanzado objetivos significativos en Israel. El bombardeo de las instalaciones petroleras de Teherán ha sido respondido eficazmente con el bombardeo de las de Haifa. Es guerra asimétrica pero no unilateral.
4. Las perspectivas de una derrota imperialista no son descabelladas. Por lo visto, ese enorme poderío, incrementado con el de Israel, tiene límites frente a una potencia media como es Irán. Durante casi medio siglo, o al menos desde la guerra contra Irak en 2003, Irán se ha estado preparando para una confrontación con el imperialismo estadounidense. Hoy Estados Unidos e Israel se enfrentan a la seria posibilidad de quedarse sin misiles y drones en un lapso de tres o cuatro semanas. Se necesitan al menos dos misiles interceptores Patriot o THAAD para eliminar un dron o misil iraní. El costo de un Patriot está en 5 millones de dólares mientras el THAAD está entre 12 y 15 millones. Los misiles iraníes Shahed están en 20,000 dólares, mientras los Kheibar están en 2 millones de dólares y el hipersónico Fattah estaría en 3 millones. Mientras eso sucede, Irán probablemente cuente con un enorme arsenal acumulado del cual ha usado solamente los misiles y drones más antiguos y baratos (los Shahed por ejemplo) para acabar con el parque imperialista. Se espera que en una fase posterior Irán use los misiles hipersónicos que resultarán imparables para Estados Unidos e Israel. Al parecer Irán esperará con paciencia el severo castigo imperialista para una vez debilitada la coalición imperialista pasar a la contraofensiva. El diplomático Chas Freeman ha recordado la estrategia “rope-a-dope” de Muhammad Alí que le dio muy buenos resultados.
5. Estados Unidos e Israel intentarán propiciar una guerra civil en Irán: Irán ha sido severamente golpeada en las poco menos dos semanas de hostilidades. Las muertes (la mayor parte civiles) ascienden a casi 2,000 y las ciudades principales del país han sido severamente golpeadas. Sus plantas desalinizadoras han empezado a ser atacadas e Irán tiene la posibilidad de hacer lo mismo en las de los países del Golfo Persico. Las informaciones occidentales aseguran que la marina y aviación iraní se encuentran virtualmente destruidas y Marco Rubio asevera que la coalición imperialista ya tiene el control aéreo del país. Pero hay una coincidencia en los análisis en que la guerra aérea es insuficiente para poder derrocar a la República Islámica y que debe por ello iniciarse una invasión terrestre. Tendrían que invadir a Irán entre uno y tres millones de efectivos para darle viabilidad a una derrota iraní. La gran pregunta es ¿puede Estados Unidos hacerlo? En efecto puede concertar una invasión conjunta de las potencias occidentales como la que se observó en la Rusia Soviética después de la revolución de 1917 cuando 14 países (entre ellos Japón, Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Grecia) la invadieron. O puede ocupar la isla de Kharg por donde sale el 90% del petróleo iraní. Pero por ahora el escenario más seguro es que habiendo fracasado la opción tipo Venezuela (una derrota fulminante) se ensaye la opción tipo Siria (alentar la guerra civil interna contra el gobierno de parte de diversas facciones étnicas y políticas). La fuerza alentada por la CIA, el Mossad y el MI6 serían los kurdos iraquíes e iraníes situados en el noroeste y noreste de Irán e Irak respectivamente. Sería una buena opción para disminuir el talón de Aquiles imperialista: los ataúdes cubiertos de banderas estadounidenses. Hasta el momento los kurdos iraquíes son cautelosos, no así los iraníes. El gobierno iraní ha dicho que está preparado para aplastar a los kurdos iraníes que desaten una guerra interna.
6. La guerra contra Irán está desatando un crisis económica y financiera mundial que será una debilidad para occidente: Como era previsible, la guerra contra Irán se observa en una región en la cual se produce y transita el 20% del petróleo del mundo. Hoy las petromonarquías del Golfo Pérsico se encuentran paralizadas y los bombardeos a las instalaciones petroleras de Teherán y la respuesta iraní a la de Haifa en Israel terminarán de disparar el precio del petróleo. En el momento de escribir estas líneas el Brent y el West Texas Intermediate (WTI) estaban en 116 dólares por barril, lo cual está aumentando el precio de la gasolina en Estados Unidos y otros países ocasionando una subida de la inflación. La inflación afectará a la energía, el transporte, la logística, los fertilizantes y también las cadenas de suministro global. Las bolsas de valores en Japón y Corea del Sur ya empezaron a caer. Y las tasas de interés ya empezaron a subir.
7. La guerra contra Irán fue un severo error de cálculo que pone a Trump y a los Estados Unidos en el riesgo de una crisis de grandes proporciones: Washington y Tel Aviv probablemente calcularon una guerra corta. Pensaron que el asesinato del Ayatola Ali Jamenei derrumbaría a la República Islámica de Irán. En lugar de ello la inmensa mayoría del pueblo iraní, no solamente la mayoritaria etnia persa o los chiítas duodecimanos, ha cerrado filas en torno a la teocracia que dirige al país. Cientos de miles de personas han salido a las calles cuando Irán está siendo bombardeada por la coalición imperialista. La conflagración se alargará mientras Irán conserve la capacidad de fuego que está mostrando ahora y eso puede acercarse peligrosamente a las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos. La guerra contra Irán era impopular (solamente entre un 30 y 40% de la población estadounidense la apoyaba) y será rechazada aun más cuando se alargue. El gobierno de Trump, desgastado por el escándalo Epstein, la violencia de la policía de ICE, las redadas infames contra los migrantes, una guerra sin victoria y con nefastas consecuencias económicas, encaminan a los republicanos a una derrota sustancial en noviembre. Esto sucedería si hay en elecciones en ese mes. Un avezado analista como el coronel Lawrence Wilkerson, veterano de la guerra estadounidense de Irak contra Irán (1980-1988), jefe de gabinete en el Departamento de Estado dirigido por Colin Powell, ha advertido de la labor ideológica que el secretario de Guerra Pete Hegseth está haciendo en las fuerzas armadas estadounidenses para incluso dar un golpe de estado. Al parecer la guerra civil no solamente es un escenario en Irán. También lo es en Estados Unidos.
8. La tentación nuclear del sionismo. La guerra contra Irán esta mostrando que el gigante del mundo también tiene vulnerabilidades. Que el gendarme regional puede ser golpeado por Irán como se demostró en la guerra de los doce días en junio de 2025. Más aún, que ese gendarme puede ser devastado si las reservas de misiles y drones de ambos lados se comportan como lo están previendo todos los analistas anteriormente mencionados. ¿Qué sucedería si Tel Aviv, Jerusalem y Haifa quedan devastados? Israel tiene solamente 22,145 kilómetros cuadrados lo que contrasta con los 1.648,000 de Irán. Esto significa para el segundo un territorio perfectamente alcanzable para los miles de misiles que todavía tiene, mientras para el primero una extensión inabarcable para la munición que le queda. ¿No cederían Nethanyahu y aun Trump a un ataque nuclear que comenzaría siendo “táctico” pero que tendría consecuencias impredecibles?
Estamos viviendo en peligro y la humanidad puede estar enfrentando el mayor riesgo de extinción desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962. Si sobrevivimos, si el curso de la guerra sale como lo están previendo los especialistas, Irán saldrá fortalecido pese a su devastación; probablemente ahora sí se convierta en un país nuclear; los países del Golfo Pérsico dejarán de ser destinos financieros, de turismo suntuario y molicie; Estados Unidos se verá obligado a replegarse; Rusia y China saldrán fortalecidas. Y la opresión sobre el Lebensraum estadounidense (el hemisferio occidental, América, Latinoamérica empezando por Cuba) será todavía más feroz.

Wednesday, March 11, 2026

La geopolítica del agua.

 Fernando Cajas.


Irán cuenta con recursos hídricos renovables totales de aproximadamente 130 mil millones de metros cúbicos por año (según datos de la FAO-AQUASTAT). Eso es similar en volumen bruto a Guatemala. Pero Irán tiene casi 90 millones de habitantes, cinco veces más que nuestro país. Eso lo coloca en una escasez absoluta de agua: menos de 1,500 metros cúbicos por persona al año. Guatemala, en cambio, dispone de unos 110 mil millones de metros cúbicos renovables al año para poco más de 18 millones de habitantes, lo que nos da más de 6,000 metros cúbicos por persona. Proporcionalmente, tenemos mucha más agua.

Sin embargo, Irán ya vive la crisis que nosotros estamos construyendo con nuestras propias manos.

Irán extrae agua subterránea de forma insostenible desde hace décadas. Sus acuíferos están sobreexplotados: cientos de ellos (de un total de 600) se encuentran en estado crítico. La depleción neta anual ha provocado hundimientos del terreno de hasta 35 centímetros por año en algunas zonas. Hoy, 19 de 31 provincias sufren sequía severa. Los embalses que abastecen Teherán están por debajo del 10 % de capacidad. Y esto no es solo “cambio climático”. Es el resultado de décadas de malas decisiones políticas, corrupción, subsidios irracionales a la agricultura (que consume el 90 % del agua) y falta total de orden.

El gobierno iraní lo reconoce públicamente: racionamiento, posible evacuación parcial de Teherán, siembra de nubes… pero las soluciones estructurales son políticamente imposibles. Y ahora, en plena guerra de 2026, un ataque aéreo dañó la planta desalinizadora de la isla de Qeshm, afectando el suministro de 30 pueblos. Irán, que ya importaba agua en situaciones extremas, queda aún más vulnerable. Su crisis ya no es solo de petróleo: es de agua. Y lo peor: no siempre fue así. La construyeron ellos mismos.

Guatemala todavía no vive esa crisis, pero estamos en el camino. Tenemos una oferta hídrica relativamente generosa y nunca hemos tenido que construir plantas desalinizadoras carísimas ni importar agua en barcos cisterna como hizo Barcelona en la sequía de 2008. Sin embargo, convertimos nuestros ríos en drenajes. No solo de heces, sino de todo tipo de desechos industriales y domésticos. El 90-95% de nuestras aguas residuales se vierten sin tratamiento. Extraemos de los acuíferos sin control, sin ley y sin orden. No sabemos exactamente cuánto sacamos ni qué efecto tiene a largo plazo. Contaminamos y no limpiamos.

Esta irresponsabilidad no es solo de “todos”. Es principalmente de las municipalidades, que tienen la obligación legal de tratar las aguas servidas. Pero los alcaldes se atrincheran en la ANAM, una asociación más cooptada que la Universidad de San Carlos o el Congreso. Muchos son indiferentes o incapaces. En Quetzaltenango, por ejemplo, formamos parte de la mancomunidad de la metrópoli de los Altos, la estructura clave para proteger las cuencas que nos dan agua. Ahí están las zonas de recarga hídrica que alimentan Xela y sus alrededores. Y sin embargo, ni alcaldes, ni municipalidades, ni mancomunidades hacen casi nada. Permiten deforestación y minería ilegal que destruyen esas zonas de recarga como si el agua fuera eterna. Así pensaban los iraníes hace 30 años.

El río Usumacinta, el más caudaloso de México y Centroamérica, nace en las montañas del norte del Quiché y en la sierra de los Cuchumatanes. Su cuenca atraviesa Alta Verapaz y Chiapas antes de desembocar en el Golfo de México. Es la principal fuente de agua para el sur de México. Este es un problema geopolítico real y cercano. Si no aclaramos ya las responsabilidades compartidas entre Guatemala y México, si no aprobamos una Ley de Aguas que regule el uso nacional e internacional, si seguimos sin monitoreo serio, el conflicto vendrá solo. No podemos esperar a que sea tarde.

No creamos que “a nosotros no nos va a pasar”. Nos va a pasar, y pronto, si no cambiamos. La geopolítica del agua ya nos toca.

La solución no es mágica, sino más bien es invertir en ciencia y tecnología del agua. Crear laboratorios nacionales. Formar científicos y tecnólogos guatemaltecos. Construir capacidad real de monitoreo continuo de agua superficial y subterránea, calidad y cantidad, dentro y fuera de fronteras. Construir plantas de tratamiento en cada municipio. Impulsar una cultura del uso responsable y del reúso. Aprobar de una vez por todas una Ley de Aguas pertinente social, técnica y culturalmente. Y, sobre todo, erradicar la corrupción que es la verdadera madre de todas estas crisis.

No dejemos que la corrupción nos robe el futuro a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros nietos. Atendamos el problema del agua ya. Porque si no es ahora, no será nunca.

Saturday, March 7, 2026

La cultura del agua: Parte 3, bases teóricas y realidades prácticas.

 Fernando Cajas.


La cultura en una sociedad es el conjunto de prácticas sociales capaces de construir nuestras identidades, también llamadas prácticas culturales. La cultura se crea en las comunidades a través de actividades normalizadas, formas de hacer las cosas y prácticas que se intersectan con las prácticas económicas y políticas. Es decir, no existe una cultura totalmente independiente de la economía, ni existe una cultura independiente de la política, aunque las prácticas culturales tienen sus propios objetivos: construir identidades.

La cultura del agua es el conjunto de creencias, rituales y actividades sobre el agua en una determinada comunidad. Estas creencias han cambiado profundamente desde la Revolución Industrial, debido a que se genera un nuevo modelo económico, el capitalismo, en donde el agua pasa a ser parte de la cadena productiva de los sistemas económicos. El agua es vista entonces como un recurso más. Aunque hay comunidades en el mundo que aún ven el agua como algo sagrado, la existencia de los modelos productivos genera una visión reduccionista del agua.

El mayor problema cultural que veo sobre el agua es la ausencia de un entendimiento del ciclo natural del agua, pero principalmente del ciclo social del agua. Ya los niños no saben de dónde viene el agua que usan. Los adultos contaminamos el agua y no participamos en procesos de tratamiento de agua, reúso de agua, cuidado del agua y menos del entendimiento de las zonas de recarga hídrica, ni de la dinámica del agua subterránea que usamos en nuestra vida cotidiana.

Pero el problema de la crisis del agua no solamente es la ausencia de conocimiento de quienes vivimos en el área urbana, que por décadas nos hemos acostumbrado a recibir agua del chorro, de la llave o de la pluma, como dicen en Panamá, sin preguntarnos y sin conocer todo el trabajo comunitario que existe detrás del agua que llega a casa, a la escuela, a la empresa, al mercado, al centro comercial o al hospital. Alguien debe cuidar los bosques, alguien tiene que cuidar las zonas de recarga hídrica por un lado y, por otro, también debemos conocer mejor el agua subterránea que nos alimenta.

En las zonas altas, montañas y volcanes, existen especies, árboles, pajonales y hasta páramos capaces de capturar el agua e infiltrarla a las cuencas, tanto en forma de escorrentía como en el enriquecimiento de las aguas subterráneas que suelen ser fuente de agua en zonas urbanas y rurales. Al mismo tiempo, se dan los intensos procesos de agricultura, algunos artesanales y otros industriales, especialmente en la zona sur guatemalteca, donde los monocultivos del azúcar y de la palma africana demandan cantidades enormes de agua. 

Estos empresarios industriales no suelen participar en los procesos de mantenimiento de bosques de las zonas altas, sino que más bien usan a diestra y siniestra ríos y agua subterránea. Hay reportes de desvío de ríos de comunidades enteras que se han quedado sin agua. Por ejemplo, en el río Coyolate, el desvío y uso abusivo por parte de plantaciones de palma y caña ha alterado ecosistemas y afectado a poblaciones locales. Similarmente, en el río Madre Vieja, comunidades en Tiquisate y Nueva Concepción han denunciado desvíos recurrentes por fincas de palma, lo que ha secado manglares y limitado el acceso al agua. 

Estos abusos deben terminar y esa es una importante tarea de la nueva Ley de Aguas. 

Otro enorme problema cultural, que es también un problema técnico, está relacionado con la ausencia de sistemas de tratamiento de aguas negras, de aguas que usualmente son lanzadas a los drenajes y de los drenajes a los ríos. Los ríos en Guatemala se encuentran totalmente contaminados porque no existe una cultura estatal, municipal y menos local de tratamiento. 

Ciertamente, los alcaldes organizados en la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAM) se han opuesto sistemáticamente a la construcción de plantas para tratar y luego reusar el agua en sus municipios, como se evidencia en disputas legales ante la Corte de Constitucionalidad (CC) sobre reglamentos que obligan a invertir en tratamiento de desechos y aguas residuales. Esta oposición ha generado suspensiones temporales de normativas, aunque entidades como el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) defienden la necesidad de estas infraestructuras.

Los comités de agua a nivel nacional, estimados en 35,000, han sido un modelo alternativo para proveer de agua a comunidades usualmente rurales, pero tampoco han recibido ni formación ni apoyo financiero suficiente para hacer tratamiento de agua. El Instituto de Fomento Municipal (INFOM) debe hacer este trabajo y en esta administración lo ha estado haciendo, con esfuerzos como reuniones interinstitucionales para fortalecer capacidades en agua potable y gestión de residuos, o sumándose a la recuperación de cuencas como la del río Motagua. Sin embargo, es tanta la necesidad de tratamiento que es mínimo lo que el INFOM puede hacer solo. La ley debe darle prioridad al tratamiento y al reúso del agua.

Ciertamente, el agua tiene una componente cultural, intercultural y espiritual, pero en la vida cotidiana de la modernidad se ha convertido en un recurso. En Guatemala, las comunidades indígenas mantienen visiones ancestrales que contrastan con esta reducción. Por ejemplo, en la cosmovisión maya, el agua es un sistema vivo que representa la vida misma, presente en ceremonias y lugares sagrados como la laguna de Chicabal, donde cada año se realiza la rogativa de lluvia 40 días después de Semana Santa, con ofrendas de flores, velas y elementos simbólicos para invocar a los dioses. 

Como sociedad, debemos hacer un esfuerzo por revalorar al agua, a los ríos y a los lagos, integrando estas perspectivas indígenas para no convertirlos más en drenajes. Esto implica equilibrar el desarrollo económico con el respeto cultural, reconociendo desafíos como los costos de implementación y resistencias políticas, pero priorizando acciones colectivas.

Junto a la nueva Ley de Aguas, que debe priorizar el fin de abusos, el tratamiento y el reúso, propongo soluciones prácticas: programas educativos en escuelas sobre los ciclos del agua para fomentar conciencia desde la niñez; apoyo financiero ampliado a comités locales para plantas de tratamiento; y alianzas entre gobierno, comunidades y empresas para restaurar cuencas contaminadas. El INFOM, con su plan estratégico para acceso a agua y saneamiento, puede liderar estos esfuerzos, junto a universidades que tienen programas de investigación sobre el agua, como el Centro Universitario de Occidente de la USAC en Quetzaltenango, pero necesita más recursos.

Ya no hay ni ríos, ni lagos, ni fuentes de agua libres de heces y materia fecal. Cambiemos eso porque si no lo hacemos ahora, no será nunca.